sábado, agosto 19, 2006

Federico


Visitar los lugares de Lorca en España es un recuerdo imborrable. Lorca es para los cubanos como “culto”. El viernes 7 de marzo de 1930 arriba a La Habana, y en carta fechada el 5 de abril, escribe a sus padres ... "esta isla es un paraíso. Si yo me pierdo que me busquen en Andalucía o en Cuba...", frase estremecedora a pesar de lo repetida, como las que apunta cuando abandona Nueva York y ya está en camino: "[...] el barco se aleja y comienzan a llegar, palma y canela, los perfumes de la América con raíces, la América de Dios, la América española. Pero ¿qué es esto? ¿Otra vez España? ¿Otra vez la Andalucía mundial?” Igual que la visita, aunque muy recreada e historiada, siempre conmueve, también su «temporada» entre nosotros. Margarita Xirgu estrena en el 36 muchas de sus obras y anuncia conmovida, su asesinato al público cubano. Desde luego que como en toda América Latina y España el autor conocido es el accesible, el de los dramas rurales, las pasiones desbordadas, personajes femeninos y conflictos universales.
“García Lorca recibió, en todo caso, en España y en América Latina, muestras más que suficientes para saber que su teatro agrario andaluz [….] había abierto una vía de comunicación con el público” ha escrito José Monleón en el número 313 de la revista española Primer Acto en “Una cita con su teatro imposible” que publica además un texto, Federico, de Monleón y Francisco Ortuño. (http://www.primeracto.com/)
De la misma manera que la Xirgu – a quien Federico leyó Así que pasen cinco años y no mostró interés por estrenarla, a los Loynaz del Castillo no les interesó demasiado el manuscrito de El público que ardió entre los papeles de Enrique. Todavía cuando Moisés Pérez Coterillo entrevista a Dulce María Loynaz para Pipirijaina se rumoraba que ella había quemado el manuscrito. El público será esa obra maldita, marginal, que vivió en secreto también entre nosotros hasta la puesta de Carlos Díaz mientras las obras fáciles llegaban a la escena a partir de 1943 cuando Reynaldo de Zúñiga dirige Mariana Pineda.
Se conoce que asistió al Teatro Alhambra. Luis Cardoza y Aragón ha restituido esa zona oscura y transparente. Federico va a los burdeles, se baña en el mar o en el río, trasnocha, vive con intensidad La Habana de sus habaneras y las ilustraciones de las cajas de tabaco: la rubia cabeza de Fonseca. Ian Gibson asegura que en La Habana cristaliza y fragua El público, "el teatro que nadie se había atrevido a escribir por cobardía" y que en la obra hay una influencia directa del irrespetable Alhambra, sus frecuentes irreverencias, junto a su ambiente circense, además de las alusiones directas a la Dominga de los negritos ‑‑bailarina que actuaba en el puerto de La Habana-- y a "los enormes negros heridos por las navajas de las yucas que luchan día y noche con el fango de los ríos".


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