lunes, septiembre 11, 2006

En La Habana y sin pasaporte



Al fin he visto A Lady Without Passport, dirigida por Joseph H. Lewis (1950). Aunque comparada con Gun Crazy, es inferior, como fabricación de la imagen de Cuba por el cine de Hollywood, es sensacional. La Habana lánguida y bulliciosa, amable, blanquísima, la entrada del túnel, el malecón y las calles de La Habana Vieja como
« telón de fondo». Hedy Lamarr ( Marianne Lorress) emigrada húngara, salida de un campo de concentración con tatuaje y make up , quiere reunirse con su padre, ilegal también, en los Estados Unidos. Como no califica para emigrar legalmente – oh, vieja historia— ni tiene papeles para trabajar, decide hacerlo de contrabando. Las locaciones reales son el pretexto y abundan decorados corpóreos del lote dos de la Metro en Culver City, que con el buen gusto de Cedric Gibbons y algo de buena voluntad, llegan a parecerse a los bares, hoteles y tranvías habaneros.



La ciudad, para decirlo con palabras de Rafael Hernández en su enjundioso artículo “La imagen de Cuba en el cine: el making de un canon”, es la Casablanca tropical, o tal vez digo yo, la Casbah de la rumba a la que no llega Jean Gabin (Pepe le Moko) ni Humphrey Bogart, sino un policía encubierto (John Hodiak), que pasa por húngaro y se enamora de Marianne ¿quién no? Con los barcos entrando a la bahía y después de prevenirla -- en Estados Unidos «un acento, un apellido extranjero» podrían ser muy peligrosos -- trata de interceptar la operación y al mismo tiempo, protegerla. Los ilegales no vienen en balsa sino en avión y no logran llegar a tierra firme sino a los Everglades. Después de un tiroteo en la niebla, Marianne al fin, sin pasaporte, y prisionera de inmigración, logra realizar el sueño americano.
Aprovecho – ya que Rafael cita ¡No es Cuba, es Hollywood!-- para remitirles al texto suyo y al mío, en versión digital, y reparar un descuido no imputable a la revista Encuentro y sí a la tecnología: en el el camino de Santa Mónica a Madrid, perdió las notas.
Agradecía al profesor Steve Ricci y a Mark Quigley de los archivos de cine y televisión de UCLA (Universidad de California, Los Angeles) y a Felipe Herba, de YCM Laboratories, Burbank, quien me hizo, como siempre, sus inteligentes comentarios. Gracias a ellos, vi las películas, incluyendo esa rareza preciosísima que es The Bright Shawl. Si alguien necesita las notas, sólo tiene que escribirme.
De todos modos, me fueron muy útiles, María Eulalia Douglas, La tienda negra. El cine en Cuba [1897-1990],Cinemateca de Cuba, 1996; Raúl Rodríguez, El cine silente en Cuba, Editorial Letras Cubanas, 1992; Reynaldo González, “Primeros tropiezos del español en el cine” y Louis A. Pérez Jr., On Becoming Cuban.Identity, nationality and culture, The University of North Carolina Press,1999. Y mucha más bibliografía en inglés, entre ésta, el libro de memorias de Desi Arnaz.
Fundamental en la recreación de la época, Cuban Story, encontrada en la bóveda de Victor Pahlen y estrenada en video, sobre la estancia cubana de Errol Flynn. Según la hija del cineasta, fue exhibida en un festival en Moscú y luego archivada hasta ahora. Valioso material documental de la dictadura de Batista y el triunfo de 1959.


Rafael Hernández: http://www.cubacine.cu/revistacinecubano/index.htm
¡ No es Cuba, es Hollywood!http://www.cubaencuentro.com/es/

1 comentario:

mucha dijo...

Me deleito con tus escritos....