jueves, septiembre 07, 2006

Libros de cocina


Sólo por la apariencia se puede observar lo ajado y ojeado que está mi libro de Nitza Villapol: Cocina al minuto, 1981, urgido de una restauración capital. Ha atravesado mudadas varias, separaciones cordiales y violentas, inclemencias del tiempo y por último, un viaje en avión. Nitza me enseñó, al menos a mí, a cocinar sin ingredientes, el milagro de los panes y los peces. Y abundan muchos chistes al respecto de sus piadosas sustituciones. Pero el libro está conmigo todavía por muchas razones, tengo buenos recuerdos de la Villapol cuando la entrevisté. Se asombró que le preguntara sobre la cocina como cultura y a mí encontrar en su apartamento de la calle 17, un rarísimo Fidelio Ponce en la cabecera de su cama. Me dijo que la cocina cubana no estaba investigada, sostenía que teníamos más de Africa que de España de donde vinieron las frituras, las salsas, e incluso, los arroces, con más picante. Hablamos del poco picante que hay en la comida cubana y cómo la forma de condimentar es diferente en cada una de las regiones y de cómo había que cambiar los hábitos alimentarios, de la espesura de los potajes y el «buchito» de café. Y desde luego del ajiaco. Todo eso está en “La olla al fuego de los trópicos”. Revolución y Cultura no.26, octubre, 1974. Entonces no la entrevistaban mucho. Me enseñó su libro de cocina más antiguo, el Nuevo manual del cocinero cubano y español, de J.P. Legran, de 1856. Seguramente hay otros muy buenos libros o mejores, pero para las cubanas de mi edad, ella es la única que enseñó junto a su inseparable Margot a cocinar por la televisión por más de cuarenta años.

Pero los libros de cocina se renuevan como todo. Y deben estar oyendo la conversación cubanas y cubanos con experiencia culinaria para escribir nuevos libros. (Leí sobre un chef que ganó un premio en España.) Por eso, me sorprendió el blog de Mayra Gómez Fariñas, nacida en Cabaiguán, provincia de Sancti Spíritus, a unos 350 km al este de La Habana. Ingeniera, aprendió a cocinar en su casa, al lado de sus mayores, y dice que sus platos tienen sabor casero, como son gustados en la provincia central. Sus recetas están en http: recetasdelaabuela.blogia.com.
Mientras tanto aquí están Nitza y Margot que debían tener un monumento en Mazón y San Miguel.

2 comentarios:

Anonymous dijo...

Muchas gracias por hacerme recordar.


Hace unos años, no quiero recordar cuantos... fui a una exposición de Carmelo González en la Galería de Linea, iba con un grupo de muchachos de la Escuela de Arte y nos detuvimos ante una de las obras... lo que me viene a la memoria era un vientre abultado y un micrófono... quizás el nombre del cuadro sugería que era algo dedicado a Nitza, no puedo recordar... el caso es que nosotros con la irreverencia de la edad adolescente, nos reímos en tono burlón e hicimos comentarios soeces... ¡A este lo mató Nitza de una indigestión! ... ¡Qué sorpresa! detrás de nosotros alguien contemplaba el mismo cuadro... Quizás está durmiendo una siesta,Muy satisfecho, después de disfrutar de una sabrosa receta de Nitza Villapol, nos dijo la mujer ... Si... era ella, Nitza en persona, que siguió su camino sin reparar en lo tonto que lucimos los arrogantes burlones en ese instante. Uno de esos libros como el tuyo de la foto, hoy son parte de mis tesoros, esos que aprecio tanto y que guardo con tanto amor, tanto, como los recuerdos que tengo de mi abuela Blanca, la fanática de Nitza y su inseparable Margot.

Yvonne

mucha dijo...

Leyéndote aprendo...