miércoles, octubre 25, 2006

Candita Quintana : una artista silvestre


Hace mucho tiempo entrevisté a Candita Quintana. Tenía sesentitrés años y ninguna constancia de sus actuaciones. Me esperó en el Martí, en un camerino empapelado con fotografías de sus grandes momentos al que llegó con una jaba en cada mano y tres gatos detrás. No es extraño que sea difícil hallar una nota biográfica. Entonces hacía el sketch del «chiflido» con Espígul hijo -su padre Ramón fue un virtuoso chiflando- y me confesó que había trabajado con todos los negritos y gallegos del teatro vernáculo. Se consideraba creadora de una mulata «leída y escribida», que iba a la Havana Business y conserva algo de catedrática, una mulatica que no es zafia sino «fista». Se sentía atada al carretón del Martí – el teatro de Dragones y Zulueta hoy en ruinas-- mientras masticaba un tabaco. Y cuando cerraba la puerta para vestirse para la función, un público ansioso por oír una de las suyas, abarrotaba el teatro.
Fue parte del elenco del Alhambra, muy jovencita, donde hubo una constelación de estrellas, como Amalia Sorg, Luz Gil, Eloísa Trías, Hortensia Valerón, Consuelo Novoa, Blanca Becerra y Alicia Rico. Participó del auge de la zarzuela. Trabajó veinticuatro años con Garrido y Piñero, hizo radio y televisión –hasta una serie de novelas de Una luz en el camino—puesto que Antonio Vázquez Gallo estaba empeñado en hacerla dramática y también algunas películas. Entre 1965 y 1972 integró el elenco del Grupo Jorge Anckermann, en el teatro Martí que revivió obras bufas de Pancho Fernández e Ignacio Sarachaga y textos contemporáneos como los de Núñez Rodríguez y Arturo Liendo. Demostró su capacidad innata para lo tragicómico en la puesta de El premio flaco, de Héctor Quintero, dirigida por Adolfo de Luis. (1966). Adolfo, uno de los introductores de Stanislavski, intérprete de Calígula con Morín y director de La boda, de Piñera, tuvo una gran experiencia con Candita. Pensó hallar una improvisada y se asombró de su disciplina. Candita memorizó los textos a la antigua, aferrada a la concha del apuntador.
"Yo se lo dije a Adolfo, me dijo, si tú te conformas con lo que yo te haga, ahora yo no soy responsable, esto no es lo mío. Me lo ponen y no puedo negarme, como salga, allá va la bola.” Y más asombrados quedaron los críticos cuando Yuri P. Liubimov, el famoso director de la Taganka moscovita, de visita en La Habana, dijo que sería la actriz indicada para hacer Madre coraje.
"Cuando a mí me lo propusieron, yo dije que había que tener coraje para ser madre.... A mí me gusta el teatro serio y como soy una persona sentimental me es más fácil hacer esos papeles duros porque me posesiono y eso me impulsa y ya usted sabe el carácter que uno tiene. Pero a mí me gusta alegrar con mis chistes malos.”
En realidad, la cualidad más sobresaliente de Candita – como la de todos los actores de esa “escuela” basada en la ductilidad y la expresión desenfadada-, es la observación de tipos callejeros y la comunicabilidad con el público. Los actores terminan de bocetar los tipos y los enriquecen con aportes improvisados, las “morcillas” del argot. Robreño relata en …. Y escrito en este papel que Sergio Acebal, famoso por su cualidad para meter morcillas, tenía en cierta ocasión una escena con Eduardo Muñoz, el Sevillanito, en un picúo melodrama de Sánchez Galarraga titulado La flor del cabaret. Muñoz se había vestido de frac blanco, confeccionado por un sastre conocido por Sabrosura. En el momento más dramático y a punto Eduardo de morir en escena, Acebal entra y le dice «!Sevillano, dice Sabrosura que antes de morir le liquides el frac blanco!»
Según Candita, una de las morcilleras más fuertes fue Alicia Rico. “Los que somos muy morcilleros disparamos una y no les gusta a la empresa o a la dirección. Y uno inventa mucho.. porque yo soy artista de la calle. Yo no estoy en mi casa echándome fresco, salgo a la calle y ando en mis compras, soy del pueblo, si estoy en la calle le meto un chiste a alguien. ¿Ay, te gustó? Lo voy a disparar allá y así. A veces, me pica la cosquilla y suelto una de las mías. Otras me ponen un bozal."

"Yo siempre empecé de figura. En mis primeras prácticas me enseñaron a dialogar, vamos, yo entré como aquel que se dice por la puerta grande. Entonces un cronista muy famoso que se llamó Caricarte me puso Candelita por un papel que me escribió Sánchez Galarraga en El cafetal.
“Cuando empecé hacía de vedette y cantaba y bailaba y hacía de todo, con Lecuona trabajé en sus conciertos, le estrené casi todas sus zarzuelas y sus revistas, me llevaba para cantar una pincelada de esas. Hacía papel de negrita, de mulata y he hecho papeles dramáticos también por carambola, porque no me parece que los desarrollo bien”.

Gracias a Maggi24 en You Tube podemos apreciar la escuela de Candita Quintana acompañada por Enrique Arredondo en la televisión y el arte de los comediantes silvestres que no estudiaron en las academias. Arredondo, desde luego, se merece otra crónica.
"Candita Quintana: yo soy una artista silvestre". Cuba Internacional, La Habana 2(17) 28-35. diciembre, 1970.

1 comentario:

Anonymous dijo...

Hola!... Me llamo TOMAS JIMENO DIAZ, fui músico suplente de la Orquesta del Teatro Martí y allí tuve la suerte de acompañar a Candita Quintana. Vivo en Helsinki, Finlandia desde 1998.
Gracias por su excelente trabajo.