domingo, octubre 22, 2006

Lynn Redgrave y el duende


El actor que ha tenido una larga vida es un archivo viviente de sus antiguos papeles. Así se han transmitido los ejercicios de Decroux, la biomecánica de Meyerhold o los ideogramas de la danza de la India. Sin embargo, al ver Nightingale, el espectáculo que Lynn Redgrave escribió y estrena en el Mark Taper Forum, de Los Angeles, pertenecer a una «familia» de actores -- su padre Michael, su madre Rachel Kempson y sus hermanos Vanessa y Corin- -al parecer no deja marca, ni siquiera indeleble.
En su trabajo no parecen existir trazos del pasado o huellas de recorridos anteriores, sino que se enfrenta a la escritura y la creación del rol con astucia y al mismo tiempo simpleza. En lugar de hacer alardes de virtuosismo, derroche de técnica, su propósito es hacer lo más difícil y lo más antiguo: contar una historia. No oculta con trucos que no se mueve con demasiada agilidad, no se disfraza, no es pretensiosa, no intimida, sino que es ella misma, vulnerable y al natural. Eso, desde luego, tiene mucho encanto.

Cuenta a través de una Mildred ficticia la vida de su abuela materna. Y es que Lynn, después de fuertes contiendas personales, --un divorcio turbulento y una batalla contra el cáncer—al regresar a Londres después de su separación, comprobó que la lluvia ácida había borrado los nombres y las fechas de muchas tumbas del cementerio. Su historia empieza con la niña insegura que advirtió su llegada a la pubertad como una maldición y creyó sería una sempiterna solterona a los diecisiete, en una Inglaterra de encaje antiguo, rituales vacíos, represión, deberes matrimoniales y nunca gozos, que se convierte en la matriarca victoriana, que nunca vivió a plenitud ni siquiera para admirar los éxitos de su hija Rose en el escenario. El recorrido se extiende de 1904 a 1973, once escenas, sin intermedio. Ostenta un humor muy inglés en la «noche de bodas» cuando Mildred va a la cama como al matadero y Lynn revela bastante de sí misma y de su familia sin necesidad de narrar su árbol genealógico. Me recuerda muchísimos otros espectáculos confesionales de actrices que han sentido la necesidad interior de estar absolutamente en control del texto y sus implicaciones, dar voz a otras mudas como Mildred y de paso, dejar una huella, una marca y una impronta. ¿Qué será de nosotros cuando la lluvia ácida borre las identificaciones de las tumbas? ¿Qué es lo que queda? No cabe duda que a pesar de su humor, hay un tono elegíaco y está la reflexión sobre la muerte.

El recorrido de Lynn en la escritura comenzó con
Shakespeare for my Father (1993) –sobre su relación con Sir Michael Redgrave—que los críticos acogieron favorablemente y en la que Lynn parodiaba actuaciones de famosos al tiempo que se reconciliaba con su padre. Con Nightingale el sentimiento es muy agradable, se intenta hacer creer al espectador que ha compartido una experiencia de vida. A Lynn no le basta reproducir o representar los personajes que otros concibieron y como el ruiseñor de la pieza, canta en la oscuridad y a escondidas. Al espectáculo, dirigido por Joseph Hardy, sin embargo, le falta duende, locura, y es en el fondo, muy convencional. Pero sin dudas, Lynn – y no sólo Mildred—ha dejado una huella y es un archivo viviente, sólo que invisible como decía Saint Exupéry que era lo esencial.

Miscelánea, post data:
El otro día, aunque generalmente reviso muy bien las diabluras que hace Mozilla al transferir de documento de word a la libreta de notas más conocida como «pad», al parecer no puse demasiado cuidado y ahí penetró, insidiosa, la errata. Suerte que tengo una hija atenta, además de lectora de "El jardín de los senderos que se biburcan". Oh, la errata otra vez. Que se bifurcan. Para ella escribí hace tiempo un texto en la onda de Lynn que se llama «Una rosa para Catalina Lasa».

errata. (Del pl.lat.
errāta, cosas erradas).
1. f. Equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito.
Aconsejo siempre tener a mano el Diccionario de la Real Academia Española. Y sí, la errata fue insidiosa porque "preparó cautelosamente los medios para hacer daño" de acuerdo al Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos.

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