martes, noviembre 21, 2006

El rosa de Romeo y Julieta




Shakespeare llega muchos años antes que la conocida marca de tabacos con el «rosa» de Romeo y Julieta en la marquilla. Al parecer Andrés Prieto, discípulo de Isidoro Máiquez, el gran actor español, lo introduce junto al Pelayo, de Quintana, que hizo famoso a Máiquez, La moza del cántaro, de Lope de Vega y Otelo y Romeo y Julieta en las adaptaciones de Jean Francois Ducis. Yolanda Aguirre, que proporciona el dato en Apuntes sobre el teatro colonial, aclara que “El Otelo [..] se vio en La Habana debidamente cuando la representó en inglés, la compañía American Theatre, dirigida por William R. Hart, que actuó en 1841, en el Diorama.”

Si las traducciones de Ducis, como han demostrado estudios recientes, han sido el hazmerreír de Shakespeare en Francia porque eliminaron pasajes de «mal gusto» y lo adaptaron al clasicismo, se comprenderá que no fue la obra del Cisne de Avon la que vieron los cubanos. Rine Leal aporta un anuncio de 1813: el actor que interpretaría a Romeo suplica al «respetable público» se digne a admitir con indulgencia «los primeros ensayos que le dedica a un género tan difícil». Es curioso que se anuncia Julieta y Romeo.

En 1873 se establece la marca de tabacos Romeo y Julieta que Rodríguez y Argüelles compran en 1903. Y aunque todo haría pensar que la firma usa el nombre de los enamorados porque la obra era conocida, los valencianos Joaquín Segarra y Joaquín Juliá, en su libro de viajes Excursión por América. Cuba cuentan que al preguntar por la dirección, un parroquiano les indica el camino para encontrar ¡la Romero y Julieta!





Sin embargo, la devoción shakespereana de Rodríguez y su temprano manejo del mercado es tal que intenta comprar la mansión de los Capuletos en Verona para una exposición de sus productos. Por desgracia, los italianos impidieron la operación por la que tendríamos una filial tabaquera en la ciudad donde se fraguó el más conocido idilio de amor.

Después de concluir su visita al emporio de Rodríguez, los valencianos llegan al Trust de la Havana Tobacco Co, que producía en 1906 treintitrés marcas de cigarrillos.

Trabajan en silencio los operarios, atentos tanto a su labor cuanto á lo que lee en voz alta un individuo colocado en un lugar conveniente para que sea oído por todos los trabajadores de la sala.

El lector ha de tener no sólo una voz sonora y expresiva sino el secreto de dar a lo que se lee la expresión musical adecuada al oído de una gente que, como la cubana en general, gusta de cierto sonsonete, de cierta cadencia rítmica que constituye la mayor dificultad para quien no está educado á tal gusto eufónico.

Segarra y Juliá se quedan pasmados delante del Lector y sobre todo, ante las preferencias literarias de los tabaqueros que eligen primero al Quijote seguido por Galdós y Palacio Valdés.

La Havana Tobacco Co. o el trust será el escenario de la primera obra de José Antonio Ramos, Almas rebeldes (1906). Su protagonista, Eugenio Ferrand, es abogado consultor de la firma y aunque es hijo de su accionista principal, fomenta la huelga en favor de mejoras para las despalilladoras quienes trabajan hacinadas en un sótano. Pero a pesar de su entusiasmo por la huelga, los obreros no lo entienden y abuchean sus discursos. Ferrand parte a Europa sin claudicar de sus ideales. No han logrado «amansar» a ese rebelde.

El libro de los valencianos está completo en Google. Desgraciadamente en ninguna de las imágenes aparece el lorquiano «rosa» de Romeo y Julieta.

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