miércoles, noviembre 01, 2006

Hallazgo de Maroto



Mis lectores constantes se habrán dado cuenta que, de un tiempo a esta parte, el blog ha tomado su propio rumbo, espero que sólo temporalmente. Ya me las arreglaré para que vuelva a su cauce alternando crónicas y sorpresas con comentarios de actualidad. El otro día, a propósito del reclamo de Amir Valle, iba a escribir sobre la «tarjeta blanca» pues también tuve una y me gustaría contar mi parte, pero me enredé con Candita y Arredondo y dejé mi historia para después. Y es que inmersa en el estudio de los años veinte – donde al menos en el teatro—se dibujó el paisaje que nos acompaña ochenta después y al intentar saber un poco más de cómo se ha fraguado no la dramaturgia sino la sensibilidad, me aparecen cosas preciosas, marginales a mis propósitos, que me interesan casi tanto como las que pueden nutrir el futuro y laborioso libro.
En la
revista de avance 1929, por ejemplo, encuentro unas bellísimas ilustraciones de Nueva York del español Gabriel García Maroto. La revista, con su finísimo gusto, las califica de «viajeras». “Manhattan – dice la nota- sirve como pocos otros temas para poner a prueba el grado de penetración de una mirada y la capacidad de resonancia de un espíritu.” […] “Veáse – sin embargo, con qué deliberación e independencia, con qué ladino desdén de lo obvio y con qué agudo sentido de lo entrañable, descubre un artista como Maroto la veta emocional recóndita en esa cortesana de todos los turismos que es Nueva York.” Y así están sus personajes en el subway, sus judíos errantes y sus puentes y calles verticales.

Contentísima con mi fiesta de Maroto, cuál no sería mi sorpresa al hallar que el pintor llega a la la isla en 1930, coincide con García Lorca y visitan juntos Caimito del Guayabal, donde quedará atrapado por noventa días. Luego repetirá su experiencia en otros pueblos de Cuba, donde pinta, expone, vive y descubre la magia y el carácter del país. En
Memorias de una visita inesperada: Lorca y Maroto en Caimito hay una descripción detallada de la estancia para los que disfrutan tanto como yo de la historia local.

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