viernes, noviembre 17, 2006

Montes Huidobro: baile de máscaras y deseos


En Un objeto de deseo (Ediciones Universal, 2006) la última obra publicada de Matías Montes Huidobro, el experimentado dramaturgo, acucioso investigador y premiado novelista, se integra a una corriente muy favorecida en el teatro cubano, hacer de la poesía y los poetas el centro de la escena. Sólo que se ocupa de José Martí y eso hace toda la diferencia, pues estamos desacostumbrados a pensar en el Apóstol en términos reales y cuesta imaginarlo como un ser de carne y hueso. Montes Huidobro se aventura y arriesga al crear un encuentro entre Martí (Pepe), Carmen (Carmen Zayas Bazán) y Lucía, (protagonista de su novela Lucía Jerez).

La obra se centra en pasajes de la vida emotiva y pasional de Pepe, dentro de un audaz entramado: los intertextos – de Martí y de otras fuentes—entre los que destaca la propia obra ensayística de Montes Huidobro y su ensayo sobre “Lucía Jerez” y un Martí íntimo, disputado como «objeto del deseo». El dramaturgo Huidobro cita al ensayista y viceversa. Pepe toma el libro La narrativa cubana entre la memoria y el olvido y dice: “Mira lo que están diciendo de Lucía Jerez”, recurso que reitera como comentario irónico y una manera de restar gravedad al peso ensayístico de la obra que transcurre en un ahora figurado, los personajes de alguna manera conocen el veredicto de la posteridad y batallan contra la injusticia de esquemas, convenciones y jerarquías.




Carmen Zayas Bazán pelea porque ha sido maltratada por la historia, le han negado el «diminutivo» que le otorgaron a Carmen Miyares de Mantilla. Y Carmen y Pepe tienen una escena conyugal de celos y recriminaciones como cualquier pareja, sólo que lo que está en juego es el destino de un hombre ligado al de Cuba, que torna más patético este texto:

Carmen: [..] Si me hubieras seguido, no habrías muerto en Dos Ríos.

Lucía no está en mejores condiciones, se queja, “tú no sabes lo que es ser un personaje de novela, vapuleado, metida en el vórtice de la locura” y ambas en su similitud y su diferencia, —vestidas casi iguales y sin adornos—son en el fondo la misma, ficticia una y real la otra, que hablan por todas las otras mujeres de la vida sentimental de Pepe y citan o refieren otros episodios, que remiten a la experiencia real o al conocimiento de la biografía de Martí. El resultado a pesar de su densidad – fragmentos de poemas, oratoria, fuentes muy variadas--- es apasionante por contrapuntístico y barroco y porque a pesar de basarse en estrictas fuentes documentales, es teatro que se disfruta con o sin conocimiento de las referencias. Como ese baile de máscaras, carnavalesco y alucinado: el baile extraño de polaina y casaquín, o las «representaciones» dentro de la representación de las obras teatrales y El drama indio o el concierto de Lizt con el que termina el primer acto y se prolonga al segundo en la voz de Pepe como Keleffy, según Huidobro, la figura masculina que en Lucía Jerez proyecta sus ideales estéticos.

Sin dudas, hay mucho de la fascinación del dramaturgo por la novela en esta pieza, signada por un espíritu modernista. No podía faltar, desde luego, en este expediente amatorio, la«niña de Guatemala», la que se murió de amor, Sol en Lucía Jerez. Entonces Lucía habla desde la novela, no comprendía qué le estaba pasando. Era como si dentro de la novela me estuvieran vapuleando”. Y Carmen contesta: “Era Pepe que te estaba creando”. Y Lucía regala a Carmen sombreros imaginarios y abre gavetas igualmente imaginarias. En un momento de éxtasis y disputa, se recrea el misterio de la creación y también se debaten criterios contemporáneos sobre la novela. Homoerotismo, misoginia, Huidobro asombra con temas propios del ensayo, para retomar el ritmo natural de la obra y volver al resentimiento de Carmen, que atribuye a Valdés Domínguez, el rumor de que no había ido virgen al matrimonio.

Carmen. Como ese manuscrito está en Cuba en unas condiciones precarias, mi única esperanza es que se lo coman las polillas. (al público).

Hacia el final de la representación, Carmen-Lucía aparecen fundidas una en la otra y Carmen apremia:”Ponle la pistola a Lucía en la mano, como en la novela, y acaba de una vez.” En realidad, es Carmen quien dispara. Y Matías Montes le da acaso todo el protagonismo a Carmen y a través de ella a una relación de amor- odio preñada de altercados, dolor, concesiones y ultrajes. Me parece una obra extraordinaria donde pareciera que cobran vida, como en un iluminado retablo, el palco del teatro de Zaragoza, el Madrid de Lavapiés y la imagen de Pepe, violento y sin camisa como debió haber sido o Montes Huidobro lo ha soñado.

Lanzar la flecha bien lejos se suma al reconocimiento a Matías Montes Huidobro por su extensa, coherente y talentosa obra. El dramaturgo recibe hoy, en Miami, el Premio René Ariza 2006, otorgado por el Instituto Cultural del mismo nombre.

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