miércoles, noviembre 08, 2006

Nostalgia de mambolandia



El otro día Josefina Diego escribió desde La Habana sobre una popular conga que arrasa en las calles y se canta y baila en todas partes (Carlos Díaz la empleó en su montaje de La puta respetuosa) la obra de Sartre que escandalizó La Habana en 1954 –protagonizada por Chela Castro-- y que entonces traducían como La ramera…Fefé, que así es como muchos llaman a la escritora, dice bien, cuántas Micaelas y Micaelos nos hemos ido a otra parte, porque a los once días y un mes para Cuba eres ya un emigrado o emigrada y cuántas micaelos y micaelas estamos en los más lejanos confines, países, situaciones, a lo mejor arrollando en los sueños o quién sabe.
De todos modos, estoy loca por oírla. Dice Josefina:
La conga comienza así: "Micaela se fue pa' otra tierra buscando caminos / que por buenos o malos / quién sabe / dispuso el destino / sólo vive llorando, sufriendo y pensando en su vino…".
Micaela se fue y sólo vive llorando", a lo que el coro le responde, "dicen que la conga es lo que está extrañando…". "Dicen…", no hay seguridad, para después afirmar: "Pero Micaela sigue recordando…". La letra de la conga continúa y se aparta, un poco, de la historia inicial, aunque mantiene, todo el tiempo, ese tono triste y melancólico.
Tiene mucha razón Fefín. El emigrado está entre dos aguas, entre dos orillas, con Cuba en la distancia. Tiene su cuerpo en la calle Ocho o en las Ramblas, en Angola o en El Cairo y su corazón en Luyanó o en La Víbora o en la finca de su padre en Pinar del Río o el rincón de sus abuelos, y ha sido siempre así y por lo visto seguirá. Porque la conga de Micaela, por lo que Fefín cuenta, es todavía más trágica que “Frizilandia” y yo pensaba que el tema de Chico O’ Farrill era tristísimo y no he oído nada más exacto de la terrible sensación de ambivalencia, pertenencia-desarraigo, insilio y exilio, que cuando la voz canta: “Qué linda melodía para vivirla, oye…” pero de pronto la alegría se trunca y repara que está en Frizilandia y le gusta la ciudad, pero “si te vas de Mambolandia nostalgia te dará” y el oyente pierde la sensación real de dónde está el que canta, el sujeto, la voz poética. “Aquí mismo en Frizilandia moriré”. ¿Puede haber algo más brusco? Y quizás como conformidad, como auto-defensa, la voz dice: “Qué lindo es Nueva York para vivir….” Luego una enumeración delirante, el cola de pato, los rascacielos, toda la vida te pesará dejarlos y se repite Frizilandia, con el mambo, en Mambolandia. No creo que hay un testimonio más atroz de esa vida en dos mitades, entre Frizilandia y Mambolandia que el tema de Chico. Y fue escrito en una época que los emigrados iban y volvían cuando tenían nostalgia o ganas de regresar a arrollar en la conga de Santiago. La salida definitiva o el regreso definitivo estampados en el pasaporte o en la tarjeta blanca sólo ha vuelto menos trágico el tema de Chico, más benévolas las habaneras, pero más lacerante y emotiva la conga de Micaela.

La conga la encontré en You Tube puesta por Nonohack.

Para todos y en especial para Fefé.
Las ilustraciones son de Léster Campa, 1997.

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