lunes, diciembre 18, 2006

El extraño caso de Alfredito


Florece en la internet y en los emilios el« anónimo» que dirige su flecha hacia un programa de la televisión cubana, el de Alfredo Rodríguez, más conocido como Alfredito. Reproduzco uno de los mensajes. A mí modo de ver está desproporcionado, ya que a falta de otros programas y como se diría en el argot, de ofertas, Alfredito concentra las miradas y atrae a muchas figuras a su programa estelar. Yo misma de casualidad hablé de él en la nota sobre Raquel, porque fue la última imagen en vivo que hubo de la gran actriz en la pequeña pantalla. Se respeta la ortografía del emilio, sobresale que el autor anónimo está muy interesado en que censuren a Alfredito y apela a esos encargados de consentir que Alfredito aparezca en nombre del otro pueblo, el culto y también quiere terminar por la fuerza, con un machete o con una pistola el susodicho programa. Me dirán que estoy lejos. Y es verdad. Pero cuando los programas de televisión me aburren o me parecen tan malos, sencillamente apago el televisor que hay mucho por leer. Y dicho sea de paso, sería bueno saber no lo que preguntó Alfredito, sino lo que contestó Carilda Oliver sobre su supuesto romance con José Angel Buesa. Están firmados por Pepino, un nuevo nombre de crítico televisivo que emula, todavía sin su altura, con Fermín Gabor. Hay otro más, bastante parecido, de la autoría de Pepino pero me pareció too much! aunque si a alguien le interesa y no lo ha recibido en su buzón, ya saben que pueden dejar un mensaje en mi cajita anónima.

Es la primera vez que escribo en vivo y en directo. Me explico: tecleo estas líneas a la par que miro el nuevo programa "La diferencia", conducido por el increíble Alfredo Rodríguez. Aprovecho la novedosa modalidad de mi inexperto periodismo espontáneo para no perder de vista este fenómeno inexplicable de los medios d difusión cubana. Recordemos aquel antecedente televisivo "En familia" con Alfredo, inolvidable desfile de fenómenos, desafinaciones vocales, historias de Corín Tellado y auto bombo. Espacio polémico que revivió la tan vieja y, a mi juicio, pequeño burguesa idea de que los medios difunden lo que al "pueblo" le gusta y solicita. Aquella vez me asusté pensando "¡Uy! me dejaron fuera del pueblo". Para esta ocasión he sido más ecuánime.
Acepto y defiendo que la variedad es la esencia de una sociedad verdaderamente democrática (pobre palabra) y que sus medios de difusión de cultura, información y educación deben representar la mayor cantidad de propuestas estéticas que encierre una realidad. Nos vanagloriamos, con cierta razón, de tener una televisión diferente al resto del universo (respetando a los extraterrestres). Es justamente por eso que no entiendo una telenovela que intenta educar al televidente sobre los peligros de la promiscuidad sexual poniendo a los homosexuales a destruir familias estables, felices y con hijos contagiándolos con el SIDA y, en cambio no hay un solo programa, reportaje o mención al mundo de los Travestis en Santa Clara o sobre las lesbianas en el ejército. Tenemos un concepto de variedad también bastante diferente al resto del universo.
El asunto es que regresa Alfredito, como lo aclama "el pueblo" integrado por las amas de casas subyugadas por una cultura machista y nuestras abuelas tejedoras de un pasado que se descose por las puntas. Parece ser que en el pueblo no hay solo muchos Camilos sino, además, muchos pueblos.
Para empezar tropezamos con una escenografía digna de La hora de las brujas (¿se acuerdan?) solo que en aquel delicioso programa ésta servía al propósito. Muchas velas sobre troncos cortados, lo que le daba a nuestra poetisa Carilda Oliver cierto aspecto macabro. Si a esto agregamos las sillas que usaban los reyes de Shiralad y la mesa con el entrevistador en penumbras al otro extremo, tenemos una auténtica sesión de Ouija. ¡Ah! y parece que los Girasoles han desplazado, definitivamente, a la Mariposa como flor nacional.
Del contenido, más de lo mismo. En cualquier momento tendremos un pase de cámaras y micrófonos a los sepultureros del Cementerio de Zapata o al hogar de terneros sin amparo filial de Buey Arriba. Podemos esperar cualquier cosa de tal desvarío. Las preguntas, impresionantes. La modesta: "Carilda, ¿qué estás pensando de mí ahora?". La ambigua: "¿Qué piensas de las personas que les gusta la fresa y piden chocolate?" La engorrosa: "Jorge Perugorría, ¿te gustan los payasos?".
La música algo mejor, esta vez por lo menos, siempre con su orquestica a lo Ringling Brothers y el dúo "ocasional" (ocasionado) con el anfitrión, micrófono en mano, desde su trono.
El desatino de difundir propuestas como esta llega a la cima gracias al discurso final que Alfredito, mirando a cámara, dispara en nuestras narices. Diatriba de comentarios desafortunados sobre los críticos que, según él no saben hacer su trabajo, apología despiadada de lo que gente como él representa, sermón sin precedentes acerca de las bondades de la televisión y el respeto a la pluralidad de criterios. Nuestro sacerdote de la iglesia del corazón parece no tener límites en mostrarse Mesías del mal gusto y anuncia la resurrección del culebrón nacional.
Frases: "La televisión es sincera" (¿?). "He regresado" (¡!).
Me pregunto si alguien va a dar una explicación al "otro" pueblo. Al pueblo que cuestiona, al que piensa. Que alguien exponga una sola razón para este extraño caso que se eleva por sobre los esfuerzos de esta nación por ser cultos y profundos, flotando en la superficie más visible de nuestra cotidianidad. Si hoy sembramos pinochos tontos mañana tendremos, en vez de pueblo, una horda de burros dóciles.
¿Quién otorga estos espacios infinitos? ¿Quién niega otros espacios necesarios? Queremos más respuestas y menos demagogia.
Suena absolutamente cínico el nombre de La diferencia. Esta no es diferencia, es lo común, es lo repetido, es la norma imperial universal. Gritada a voces y, lamentablemente, seguida a coro en el mismo corazón de nuestra utopía de ser mejores. Parece un mensaje salido de lo más hondo de la maquinaria anticultural: Señoras y señores, quítense el cerebro, va a comenzar la fiesta.
No conforme con la procesión de infortunios que supone el nuevo engendro, que no se diferencia del anterior, Alfredo termina en la verdadera cúspide, sobre la nube más alta de su propio parnaso. Cita, con tonito de revista Vanidades, a Antonio Maceo en tono de moraleja: "La palma está expuesta al rayo, pero se mantiene erguida".
Dan ganas de cargar al machete.
PEPINO
Para el que no lo conoce, puesto por videotrading, Alfredito en su faceta de cantante.

1 comentario:

Anonymous dijo...

Leí con mucho detenimiento y sentí alegría, de la buena y sana. Además de destacar las raíces del fenómeno, se muestra el camino. Cierto que Alfredito, el pobre, no sabe qué hacer y lo peor es que en medio de su desatino, arrastra a muchos, pobres también.
Coincido en buscar quiénes permiten tales cosas y muchas más, y peores. Animados que transpiran violencia, aventuras tontas y aberradas, muchachos fatuos y exhibicionistas como los de piso seis o los del mediodía del domingo, entrevistas torpes, vanidades, en fin, el fin.
Necesitamos cambios de raíz en la dirección de la televisión, suplantar el inmovilismo y las carencias por talento y deseos de hacer.
El jigüe del Marañón