sábado, diciembre 23, 2006

La Cuba que va conmigo

Esta es la Plaza Vieja de La Habana (1830) vista por Hippolite J. B. Garnerey. La imagen está en la Hispanic and Portuguese Collections de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. En el grabado la ciudad tiene el «rosa» de Romeo y Julieta que tantas veces he recordado y que los los mayores describían como color de rosa. Es en realidad un color irreal y distinto pero la ciudad está tan animada y hay tantos detalles que podemos aceptar la licencia del grabador que como los costumbristas idealizó el entorno. Me ha parecido muy linda para celebrar el fin de año. No todo es color de rosa y en Cuba hay mucha gente que sufre y me acuerdo de ellos, hay mucha gente separada de su familia en todos los puntos del planeta, hay mucha gente que no puede leerme que hay blog-queo y bloqueo y los dos son igualmente empecinados y violentos, hay muchos que tampoco tienen internet que es un lujo, la prioridad es la supervivencia. También puede ser que no les interese lo que cuento. Escribir de Cuba en la distancia es muy difícil y a la larga una va creando a fuerza de nostalgia, memoria y olvidos una realidad inexistente, un paisaje interior que se va desvaneciendo en la medida en que intentas reflejarlo o hablar de él. Es la Cuba interior o secreta o la Cuba que va conmigo.

La otra imagen es el tercer piso de la Casa de las Américas con el mural de Roberto Matta "Para que la libertad no se convierta en estatua", diez metros por tres, una obra capital del chileno que completa la que está en el vestíbulo y se titula "Cuba es es la capital" y creó con tierra de los lugares cercanos a Tercera y G. En la distancia produce la misma sensación de irrealidad. "Un hombre no es sólo su cuerpo --me dijo Matta-, sino su energía, su inconciencia, su calumnia y su verdad" y siguió andando burlándose de los «monos» que hacía. Durante diez años muchas veces atravesé el salón a oscuras donde se dice que se sienten pasos y aparecen los fantasmas.

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