viernes, diciembre 15, 2006

Máscaras y figurinas: el origen del teatro


Las colecciones de la Villa Getty en Malibú han sido noticia de primera plana desde que reabrió en enero de este año. Hay tantos artículos sobre las obras de arte en disputa y los varios objetos reclamados por sus auténticos dueños que una visita a la villa tiene el atractivo añadido de exacerbar la curiosidad detectivesca. ¿Dónde está el bronce que reclaman los griegos o la corona de oro que volverá a Italia ? El propio enclave del museo, -- una casa romana, la villa dei Papiri, enterrada por la lava del Vesubio en la ciudad de Herculano,-- es una «reproducción» que a su vez sustenta otra, ya que los arquitectos al restaurar la propiedad que el petrolero Getty compró en 1945, intentan simular un sitio arqueológico. Se accede por una réplica de carretera romana de piedras irregulares que conduce a un árido estacionamiento. Llegar a la «villa» desde las alturas es como ver los niveles de la falsa excavación.

La narrativa -- imagino-- hubiese complacido al millonario enamorado de las antigüedades, pues copia los interiores y exteriores con decorativa exactitud, así como sus varios jardines,-- entre ellos uno de hierbas-- un templo y mosaicos de diferentes formas y tamaños. Un entorno propicio para albergar una colección que a estas alturas, en medio de tanta reproducción y falsedad y tantos letreros de «origen desconocido» no hace más que incentivar el interés del visitante por el origen de las piezas, expuestas sin orden cronológico y agrupadas por temas.

Me cautivó la sala dedicada a Dionisos y el teatro por razones comprensibles al lector. Impresionante es la herma de Dionisos -- atribuida al taller de en Boethos de Kalchedon, en Asia Menor-- con un ojo de marfil refulgente y el otro vacío como los de Edipo o esa representación juvenil de Baco en bronce y plata que retrata la belleza apolínea del dios. O la ménade estrusca que baila con un sátiro.
Pero, sobre todo, las máscaras. Son la esencia del teatro, ellas ocultan el rostro y acentúan la diferencia en la semejanza, el reconocimiento del yo en el otro. Y en la villa Getty, auténticas o falsificadas, copias u originales, hay muchísimas. Figurinas de terracota que expresan la relación estrecha del teatro con la sociedad cuando proliferan las imágenes teatrales en ánforas, vasos y bajorrelieves.


Algunas son de los actores y personajes de la «comedia nueva» de Menandro, viejos y jóvenes en actitudes exageradas, cómicas o truculentas. Muchas tienen una expresión indescifrable, la mayoría es como una mueca ambigua a la que los actores daban vida con sus voces y sus siluetas. Imagino la herma de Dioniso – pilar que señalaba el cruce de los caminos, delimitaba fronteras y espacios con una función mágica-- quieta y solemne y a los actores, dioses y bacantes que lo hacen renacer.

Las fotografías son de Felipe Herba.

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