jueves, diciembre 14, 2006

Presencia de Raquel Revuelta


Ahora que he leído mucho más tendría nuevas preguntas para Raquel Revuelta. La entrevisté en dos ocasiones y aunque para casi todos era inaccesible, me recibía siempre que necesité conversar con ella, la última vez en la Casona de Línea. Nos reunimos y hablamos de la mediocridad en torno a una taza de café. La vida le dio la razón a Raquel que era muy dura con los que traicionaban su concepto de la lealtad personal y que observó, como magnífica actriz, detalles humanos que me eran inadvertidos. La recordaré desentendida de la fama, despreocupada por el éxito y ocupada en dirigir primero Teatro Estudio, la familia propia y la ajena, a sus alumnos y por último, obras teatrales como El no o La ronda (la que me gusta más). No tenía mucha ropa, vestidos de «moda» y una vez me comentó la habían invitado a una pasarela. “La única pasarela que conozco es la del primero de mayo» dijo con ironía.

Antes de salir de Cuba, la vi en el programa de televisión “Su noche con Alfredo”. El conocido cantante la recibe en el set como la estrella. Raquel, tan tímida en la vida real, entra en su ámbito y se vuelve irreconocible: el público la ovaciona y la llama por el nombre del personaje que la hizo más popular en ese medio: Doña Bárbara. Y aunque en vivo aparezca desaliñada, revive en su fotogenia y eso que los teóricos llaman “presencia”.

Raquel (1925-2004) fundadora de Teatro Estudio junto a su hermano Vicente y un grupo de actores, está en la memoria, no desaparece. Cuando a decenas de jóvenes que sueñan con ser actores les preguntan por sus “modelos”, responden su nombre con aplastante seguridad. Era exigente, rigurosa, difícil, al mismo tiempo justa, tímida y tierna. Empieza en la Corte Suprema del Arte y declama en la emisora Mil Diez, se casa muy joven, se divorcia antes de que nazca su hijo mayor, a los dieciséis años, y cuando conoce a Paco Alfonso, creador de Teatro Popular en 1943, decide ser actriz porque “comprendí que podía decir más que con una poesía y no me sentía tan sola en el escenario”.

Recuerdo que una vez me dieron un libreto de radio donde había un grito. Y yo me puse a pensar, yo tengo que hacer este grito como nadie lo ha hecho jamás y me puse a buscar la forma de dar un grito que fuese bello, conmovedor. Y cuando lo hice delante del micrófono, todo el mundo me tenía clavada la mirada de una forma tan dura... Y me botaron. Estuve largo rato sin que me dieran otra oportunidad. Y pensaba, si no se grita así ¿ cómo se grita? ¡Gritando¡

Una de las primeras en hacer una prueba de cámara, protagonizó decenas de romances en las telenovelas, fraguó un estelar idilio con Manolo Coego, realizó cine, hizo comerciales en la radio, se sintió manipulada, hasta que “hastiada de la televisión y del mercantilismo, con la idea de desvirtuar la idea de la diva”, representa Juana de Lorena, de Maxwell Anderson, en versión de Julio García Espinosa y dirección de Vicente Revuelta. Su interpretación obtiene en 1956 el Premio de la ARTYC (Agrupación de Redactores Teatrales y Cinematográficos) como la mejor actriz del año.

Ahora que he leído mucho más podría preguntarle sobre tantos momentos del teatro de los cuarenta que quedaron opacados después, su relación con otras grandes –como Marisabel Sáenz o Violeta Casal—su visión de Ibsen (hace Espectros con diecisiete años) o su real opinión sobre obras como Hechizados, de von Drutten, con la que inaugura la sala Hubert de Blanck en 1955, entonces dirigida por Olga de Blanck y María Julia Casanova. Ya no puedo preguntarle, pero su presencia me acompaña como a todos los que alguna vez la vieron actuar.

Aquí está como Laura en La casa vieja, de Estorino. Y como Chen Té- Shui tá en El alma buena de Se-Chuan, de Bertolt Brecht, puesta en escena de su hermano en 1959, el personaje que le resultó tan difícil de interpretar.

2 comentarios:

Anonymous dijo...

Rosa Ileana, me alegró leer tu crónica, como siempre me conmueven.

Merecido homenaje a Raquel Revuelta, la admiré, la admiro aún. Tuve el privilegio de ser su alumna en el ISA y luego ser parte de su grupo, Teatro Estudio. La conocí de cerca y por eso la quise, la elogiaré cada vez que la vida me de una oportunidad. Compartió con nosotros, su sentido de justicia, su valor, su honestidad, sus valiosos conocimientos del teatro, su conocimiento del ser humano. La mayoría de sus alumnos la queríamos y la respetábamos, como dices, tenía un sentido especial de la lealtad, pero lo que exigía lo daba sin restricciones, hacia por nosotros lo que una madre dedicada hubiera hecho por sus hijos, con la entrega y la pasión que su carácter le permitía. Odiaba la mediocridad, la superficialidad que afecta tanto en un medio como el nuestro, odiaba la adulonería, los elogios desmedidos y las traiciones. Raquel jamás se benefició con "privilegios especiales" cuando otros con menos dedicación y talento recibían, ella daba. Raquel la valiente, la tímida, la que no se preocupaba por las frivolidades que tantas veces perturban al ser humano, nos acompañara siempre, su legado es indestructible. Su amor hacia los suyos esta ahí, intacto y retribuido.

Yvonne

Anonymous dijo...

Muy bueno su articulo sobre Raquel Revuelta, yo soy muy amante del teatro y la disfrute mucho en todo lo que le vi,indiscutiblemente la primera actriz de Cuba, siempre se le recordera por sus memorables actuaciones.
Alfonso Rincon