sábado, enero 06, 2007

La noche de Triana



En el primer acto se desarrolla la “representación” de los tres hermanos, Lalo, Cuca y Beba “adultos que conservan cierta gracia adolecente, aunque un tanto marchita”. Juegan. “La representación ha empezado” y como un enorme envoltorio o una caja de sorpresas, la pieza contiene todas las posibilidades del teatro dentro del teatro. Los hermanos “representan” a sus padres, las visitas, Margarita y Pantaleón, reviven en sus cuerpos los motivos del asesinato. La obra es una galería de espejos. Al fondo del escenario, el escenógrafo Raúl Oliva colocó un espejo que conseguía un efecto multiplicador.Tres personajes se desdoblan, incorporan o asumen los peronajes de los padres, los policías y los jueces – más de diez hablantes y actantes-- con el candor de las imitaciones en las que los niños juegan a ser otros. Y es que José Triana instala la otredad de la representación, al revelar la carpintería de la escena imaginaria en la que es posible ver los ataúdes, los cirios, las flores. Lalo aparenta ser el ejecutor del crimen, “.... quieren que todo permanezca inmóvil, que nada se mueva de su sitio.” Y como en los juegos, estos niños-ancianos subvierten el orden de los muebles, el cenicero encima de una silla, el florero en el suelo y las sillas encima de las mesas. La puesta aprovechaba la disposición caótica de los objetos, el “virar la casa al revés”. Según Vicente Revuelta, su director, también rompían los textos que se hacían ininteligibles. Pero Lalo es quien corporiza sus insatisfacciones:

“Y hacer y rectificar y no tener que estar sujeto a imposiciones ni pensar que tengo la vida prestada, que no tengo derecho a ella. ¿No has pensado nunca lo que significa que tú puedas pensar, decidir y hacer las cosas por tu propia cuenta?”

Los hermanos luchan entre sí, en el primer acto Cuca está indecisa sobre involucrarse en el crimen y cree que los padres cumplieron con su deber y Beba está en un «estira y encoge», pero Lalo se erige en cabecilla del que a la larga será el ensayo general de un asesinato no consumado. La rebelión no es sólo contra los padres, sino “contra todo”. La pieza desnuda también la hipocresía y cada vez que el exterior penetra en el interior de la casa, la realidad descrita a través de la mirada de los “hijos” es implacable y perversa. Las conversaciones giran acerca de la vejiga, los esfínteres, la hernia y los fibromas y es una “comedia de los fingimientos.”

El 4 de enero de 1931, nació José Triana en Hatuey, provincia de Camagüey, autor, entre otras de La noche de los asesinos, la puesta que recuerdo con esta viñeta y estas fotografías de Ernesto Fernández. Creador de una obra imperecedera, ha escrito otras menos conocidas, como La fiesta o comedia para un delirio, “homenaje al teatro vernáculo”, que a mí me gusta mucho. Dice Triana: "De mi imaginación no se apartan aquellas figuras danzando y delirando en un escenario de telones mal pintados y que apenas tenía la utilería apropiada. Que andaban de trotamundos, llenos de vitalidad y fervor, repartiendo la sana alegría y el disparate." […] En Rine Leal. Teatro: cinco autores cubanos. Ollantay Press, New York, 1995.



En las fotos Ada Nocetti, Miriam Acevedo y Vicente Revuelta. La Habana, 1968.

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