jueves, enero 25, 2007

Una obra rechazada de Piñera

Con una foto de Mario García Joya

Un joven desconocido, intenta abrirse paso desde Camagüey. Virgilio Piñera escribe Clamor en el penal [1] a raíz de una gira de La Cueva a esa ciudad con La luna en el pantano, de Luis A. Baralt e Ixquic, de Carlos Girón Cerda : “Una obra sin ton ni son [….] cuyo punto de partida, estaba, […] en el entusiasmo provocado por las representaciones de La Cueva.” La “comedia” tiene cinco cuadros y transcurre en un centro penitencial. Las condiciones bestiales e inhumanas de la vida de los reclusos se transforman con la llegada de una joven abogada, la Dra. Soria, que reforma la prisión. Piñera trabaja los personajes en varias tesituras: la dirección del penal, insensible y autoritaria, los presidiarios (Amado, Rubio, Colorao, Veleta, el 88, el 104) y la Dra. Soria y su aliado, el médico Marcos. Única en el periodo por transgresora, Piñera erige como centro al submundo de presidiarios, asesinos y ladrones regenerados por la doctora. Ella trae esperanza y nuevos métodos, humaniza el penal y acaba con las peleas, las comidas podridas y el trabajo forzado. El autor de veinticinco años crea un personaje abiertamente homosexual: «La zapatera» o el 88. En el primer cuadro agrede a otro preso con una cabilla. Virgilio lo describe: « el típico clásico del penado homosexual pasivo. Aspecto totalmente afeminado y procaz, como de cínico ofrecimiento.» Mientras, el 104 “ …..es lo opuesto, viril, sereno, fuerte, alto y musculoso como hombre de trabajo rudo. Lleva la cabeza vendada”. La numeración de los penados en lugar de sus nombres es un acertado recurso de caracterización. Un Virgilio fuera del closet enfrenta a dos personajes: la loca extrovertida y abierta y el fogonero de la caldera, fuerte, viril y sin educación.

104.[….] ¡ Ay verdad, bueno, yo no soy santa pero hoy me levanté sin ganas de sonsacar a nadie. (otra vez se arregla la chaqueta). Estaba secando la ropa del lavadero cuando llegó éste con un cubo y parándose, sin más, ni más, me dijo,« mira que no puedo aguantar más…».

Morales. (al 104). ¿Es cierto que dijo tal cosa?

104. (Que ha asistido a todo esto como una persona totalmente abismada en otro pensamiento. Se levanta fieramente.) ¡Muy cierto se lo dije!

Morales (al 88) Continúe.

El 104 tiene fuertemente agarradas las manos a las costuras del pantalón y respira con fatiga.

El director del penal le recuerda que los «actos contra natura» se castigan con severidad y la obra se inclina hacia otro derrotero. La Dra. Soria, la «virgencita» para los reclusos, implanta sus reformas; el director del penal pierde autoridad y desaparece y los presidiarios se regeneran en un ambiente humanizado.

Escrita al calor del entusiasmo por la visita de La Cueva a Camagüey, se infiere por las cartas entre Baralt y Piñera de octubre 28 y noviembre 21 de 1936, que Piñera sólo organiza la gira, patrocinada por la Hermandad de Jóvenes Cubanos, sino que estuvo pendiente de cuestiones técnicas como el voltaje, el presupuesto, los varales , las diablas, el pago a los tramoyistas y conseguir un timbal. A Virgilio le fascinaba la “máquina patibularia” y se interesó por el crimen de La Macagua (1927) ocurrido en Camagüey, en el que un joven campesino asesina a un anciano para robarle cuatrocientos cincuenta pesos. Manuel Villabella documenta que se acredita como periodista para asistir al cadalso. El sistema carcelario lo tentaba, pasó un día en prisión detenido por Samaniego, uno de los esbirros de Machado, le entusiasman los procesos judiciales y se declara admirador de la primera mujer fiscal del país. Si se revisa la obra «rechazada» de Piñera no se sostiene la idea que antes del destape de obras gay en los ochenta , el teatro cubano sólo conoció la loca desaforada del teatro bufo. Piñera a finales de los treinta creó personajes homosexuales, agresivos y complejos que intentan saciar sus apetitos en el submundo de la prisión entre la muerte y la violencia: “La zapatera” y el 104. Pero Piñera excluye Clamor…de su Teatro. Como su título indica, el autor clamaba por una vida más humana para los presos que incluía la satisfacción de sus deseos que como dice el 104, eran tan necesarios como comer o dormir. Pero en la cárcel «hay que olvidarse por completo de todos los deseos». ¿Y dígame: no le resulta vergonzoso haber puesto los ojos en otro hombre? pregunta una de las autoridades del penal.


[1] Debió ser escrita entre 1937 –cuando aparece el primer cuadro en la revista Baragúa y 1938 , fecha que Virgilio ofrece como terminada.

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