sábado, febrero 24, 2007

Avatares de un Kcho blanco




Carlos Díaz ha creado uno de los espacios más personales e insólitos de la vida cubana que pese a todas las adversidades imaginables, permanece y siempre está abierto: Teatro El público, que radica en el Trianón, en la esquina de Paseo y Línea. Para quienes como yo, pasamos meses sin visitarlo ( y nos perdemos por el camino sus estrenos más comentados como La puta respetuosa), asistir a una función es también tomarle el pulso a Habana, ya que se verbalice o no en la puesta, se diga con palabras o con gestos o se silencie, las puestas de Carlos Díaz son el complemento irreverente, desmedido y alucinado de la realidad de la que se nutre desde hace quince años. Su «público» ha sido entrenado en una manera de ver y reaccionar con un teatro que ha creado su estética y afianzado su poder en un país en el cual la escena ha desempeñado siempre un papel secundario. Estaba en cartelera Arte, de Yasmina Reza, que desde su estreno en 1994 se instaló en los repertorios del mundo. Cualquiera pensaría que tratándose de una pieza tan representada, Díaz contendría sus excesos. Pero no. Una vez más me equivocaba. ¿Por qué Reza iba a ser la excepción si Carlos ha tratado a Sastre y Abilio Estévez como autores muertos? Para Teatro el Público los dramaturgos son cadáveres sobre los que el director ejecuta su lectura profanadora, a veces con pinzas y otras con bisturí para reescribir las obras y lograr las claves por las que funcionan para su público, en su aquí y su ahora.
En la pieza de Yasmina Reza tres amigos se reúnen, uno de ellos ha cometido un acto extremo (para los otros), ha comprado un cuadro por el que ha pagado una suma astronómica, que es para colmo, un cuadro blanco, en el que nadie ve ningún atisbo de color, ni siquiera sus tenues listas blancas. En la puesta de Carlos Díaz -- y de acuerdo a la traducción al español de Cuba de Miguel Sánchez León, este cuadro-blanco, por el que Sergio ha pagado diez mil «tablas», o cuc (moneda oficial convertible) es nada menos que un Kcho, el pintor del momento, uno de los más cotizados y comentados por su obra pictórica y porque es un amigo público de Fidel Castro. Si en otras ocasiones, la subversión de Carlos Díaz se realiza con las imágenes, esta vez está ligada a la estructura del texto que se ha sometido desde «dentro» a un proceso de actualización por el que la obra adquiere sus resonancias cubanas. Habría que estar loco para comprar en Francia un Antrios ( que de hecho puede sustituirse por cualquier celebridad de la pintura actual) pero comprar un Kcho es aludir a los nuevos ricos, las diferencias sociales, el mercado, la moneda convertible oficial y así a partir del texto de la Reza, Carlos y su equipo, crean un texto para su público con insinuaciones irónicas a la realidad ¿parisina? Desde luego, como en el original, la compra del Kcho no es el elemento central, sino las situaciones que desata, la erosión de la amistad, y sobre todas las cosas, la intolerancia y la vanidad y al mismo tiempo los estragos que la posesión de la obra de «arte» hace en las relaciones humanas. Como en otras ocasiones, el escenario también de blanco inmaculado (diseño de Roberto Ramos) crea ese abismo entre realidad teatral y vida cotidiana tan propio de su estética por la que los espectadores se sumergen en una teatralidad ilusionista y paradójica, pues en un mundo todo blanco, desaparece la blancura del cuadro y también el conflicto de Arte.
Los actores se desempeñan con eficacia y ritmo y me gustaría decir mucho más sobre su capacidad de hacer una comedia inteligente, a ratos cruel, con sentido de la medida y del juego. Osvaldo Doimeadiós, Georbis Martínez y Walfrido Serrano. La traducción me recordó por su eficacia los empeños de Roberto Blanco y celebro que Sánchez León haya conseguido con tal excelencia continuar la tradición. Así que Arte, ya lo saben, llega a su función número cincuenta el 28 de febrero y en los agradecimientos -- como se trata de un juego teatral--figura por supuesto Kcho y cuenta con la autorización de los mencionados desde la actriz Adria Santana hasta los Guffanti de Miramar y la paladar de Lilian. ¿Y qué tiene en cartel Teatro El Público? Nada menos que Fedra, de Racine.

No hay comentarios: