jueves, marzo 15, 2007

A su gente del barrio de San Isidro


Sería fascinante hacer un inventario de las «locaciones» del teatro cubano. Mientras algunos autores son muy explícitos y describen con lujo de detalles el lugar de la acción, otros son escuetos y habría que indagar más allá de las acotaciones para conocer dónde viven los personajes. Confieso que mientras trabajo, a veces, porque es entretenido, me extravío en ideas ajenas a mi trama central como ésta que persigo desde hace tiempo. Hacer el inventario de esos lugares me lleva del Parque Central en Del parque a la luna, de Raimundo Cabrera, a la explanada de la Punta en ¡Arriba con el himno, de Ignacio Sarachaga, por sólo mencionar dos entre incontables ciudadelas, tabernas, patios y casas de vecindad, esquinas y calles del bufo. Sin hacer un inventario exhaustivo, me atrevo a pensar que La Habana vieja es uno de los ámbitos favorecidos como locación teatral y que incluso "el portal con seis columnas que sigue la línea de las antiguas casas coloniales" con su piso de losas blancas y negras de Electra Garrigó, está en la antigua Habana aunque pudiera ser cualquier edificio de la ciudad de las columnas.

Si a un autor debemos una toponimia de la Habana Vieja y en especial del barrio de San Isidro es a Carlos Felipe. " San Isidro, calle Real donde está el trono, Picota con las mulatas más lindas de Guantánamo; Condesa con la flor de Francia, cuentas de cielo en los ojos [..] Desamparados, donde es más caliente la tierra." Carlos Fernández Santana --ese Carlos llamado Felipe-- trabajó como aduanero en el puerto y leerlo es saber que con seguridad, que caminó La Habana taciturno. El nos ha dejado las más bellas descripciones de la ciudad y las calles cercanas al puerto, ese «bajo vientre» con el Adela María anclado en La bruja en el obenque . En Damas y Desamparados, en lo altos, está la posada donde Palma se encontró con el marinero del Red Bay en El chino y en la calle Picota, la vidriera de apuntaciones de Buchito. Renata la Silenciosa dormía en un banco del Prado. Los personajes pasean por la Alameda de Paula, Yarini está en La Acera y las prostitutas en La Zona y los que lo buscan al chulo vienen de Marte y Belona. Y la Jabá chancletea por San Isidro como una reina. Y lo sobresaliente es que esa autenticidad aparece en obras no precisamente realistas sino soñadas y que parecen vividas y no creadas. A mi gente del Barrio de San Isidro, reza su dedicatoria de Réquiem por Yarini.
Imagino que la sombra de Carlos esté por alguna parte en alguna piedra o callejuela de su barrio.

La fotografía es una fotocopia de la original de Tito Alvarez de la puesta en escena de 1965 de Réquiem por Yarini, con Taller Dramático, en La Habana, dirigida por Gilda Hernández. Helmo Hernández e Isabel Moreno.
Carlos Felipe. Teatro. Edición a cargo de José A. Escarpenter y José A. Madrigal. Society of Spanish and Spanish-American Studies, Boulder, 1988.

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