miércoles, abril 11, 2007

Lorca en el Parque Central


El otro día, como siempre, en busca de datos para este dichoso libro, quería saber más sobre una experiencia que un grupo de jóvenes realizó en los cincuenta, en una caseta del Parque Central, donde representaron obras del teatro español (Cervantes y Lorca) y obras de Silvano Suárez y Rine Leal, entre otros, a precios populares. El dato está en "La agonía del teatro", de Jorge Mañach, el libro de memorias de Morín y en entrevistas a Matías Montes Huidobro, aunque no he localizado la obra de Silvano y menos la de Rine que «desapareció». La iniciativa, según tengo entendido, fue de Carlos Franqui y se utilizó una de las casetas dispuestas en el Parque Central para una feria del libro, pero fue secundada por Guillermo Cabrera Infante en cuya casa, Zulueta 408, se establecieron los «camerinos» con la acogida de Zoila Infante, la madre del escritor. En ese mismo espíritu viajaron a Trinidad ( eso lo sabía de antes por la foto de Rine Leal en un burro) y allí vivieron toda clase de peripecias teatrales y no teatrales. Lo cuento en el blog, porque me encantaría recibir algún comentario. En la búsqueda, encontré en internet La Habana para un infante difunto, con prólogo de J. J. Armas Marcelo. No tengo la menor idea de quién ha puesto el libro y si lo podrán abrir con facilidad. El link ya lo sé, no funciona, oh, misterio, pero si van a google y teclean el título, es lo primero que aparece. Confieso que no he hecho ningún cotejo con mi edición en papel. Para los que es difícil ( o imposible) conseguir el libro en una biblioteca, es una gran oportunidad. La narración de las peripecias teatrales de estos jóvenes y el relato de la versión de cachiporra de El amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, en montaje de Morín, con los «culitos» amplificados por los altoparlantes, es a falta de una definición más apropiada, sensacional.

La foto es el homenaje de una artista conceptual anónima, enviado desde La Habana.

1 comentario:

Anonymous dijo...

Rosa: Creo que me paso lo mismo. Solo pensaba comentar brevemente mi idem estancia en Santa Monica y por un raro fenomeno de empatia cibernetica(?) me explaye en un largo relato confesional. En Tablas, en Ermita, estuve junto a ustedes muy poco tiempo. Creo que disene dos numeros y medio. El medio numero fue mi perdicion. Perdi las pautas ya emplanadas y corregidas subiendo la loma de la calle Montana en Cojimar. Yo me bajaba de la 58 y tenia que subir dos cuadritas cuesta arriba para llegar a casa. Pero la parada quedaba delante de La Terraza y como era un mediodia caluroso pense tomar un inocente refrigerio antes de acometer el ascenso. Cuando cerraron, a la una de la manana, calcule que podria, que todo estaba bajo control, pero ahi llego la perdicion. Se perdio la carpeta con los originales, se perdieron mis zapatos, me perdi yo. En fin, ahora suena comico, pero cause un desastre en la revista de teatro mas seria del pais. La pase siempre bien con mi querido gordo Amado (bojeabamos La Habana de bar en bar desde Ayestaran hasta el puerto, en largas travesias que ni Don Sebastian de Ocampo) y con la seria Vivian, ambos condiscipulos mios en el ISA, de donde me habia graduado hacia poco. Conoci gente interesante como Carlos Espinosa (a quien he leido mucho despues) o como Dimas, que luego vi bastante en La Comedia, alla en La Habana Vieja. Creo que tu y yo nos vimos por ultima vez en una sala en los altos del Teatro Nacional, en una fiesta no recuerdo con que motivo, donde conoci a Brose, entonces jovencita, estudiante. En fin, ya estamos en contacto y vendre a ver La Flecha cada dia. Huge hugs from Miami. machetico.