lunes, abril 02, 2007

Los alejandrinos de Fedra (II)



Los cubanos esperaron con expectación a la actriz francesa Rachel (Elizabeth Rachel Félix) en la temporada de 1856. Sus abonos se habían puesto a la venta con anticipación para actuar en el Tacón después de una gira por los Estados Unidos. Pero la excelsa Rachel llegó enferma y no pudo actuar y nos quedamos sin su repertorio clásico y sin Fedra. Doce años después, en el convulso 1868 Adelaide Ristori con su compañía italiana nos repuso de la pérdida de no haber visto actuar a Rachel en un país que ¡ era muy operático!, tenía un teatro de cinco estrellas, el Tacón (hoy Gran Teatro de La Habana) y gusto por los clásicos declamados en italiano o en francés. Ella también -- según recoge Rine Leal en La selva oscura (t. 1)- tenía a Fedra en su repertorio.
La debacle desde luego es con Sarita, la Bernhardt, la divina, que también trajo a Scribe, Dumas, Hugo, y Fedra en 1887, pero la estancia de Sara es más conocida por aquello de «indios con levita» y su encerrona con el torero que por su forma de declamar los alejandrinos. Me parece que Fedra no se puso durante la república, pero no estoy segura, tampoco si Sarah la trae en su segunda visita en 1918, es muy probable, pues es una de sus actuaciones emblemáticas y aunque tenía setentitantos años en su última visita podía declamar cualquier pasión, incluso ésta ilícita de Fedra. Así que de frustración en frustración con Fedra (Norge Espinosa habla de una Fedra, de Arrufat, perdida) y Natividad González Freyre de otra de Jorge Antonio González, nos hemos quedado sin el clasicismo francés, aunque tenemos la bella edición bilingüe.
Así que Carlos Díaz ha dado en el clavo escogiéndola -- no sólo por la temática-- sino porque es una asignatura pendiente. La escena cubana privilegió a los autores españoles en primer orden y a los norteamericanos, pero montó a Anouilh, Gide, Sartre, Cocteau y en el 54, Las criadas, de Genet, dirigida por Francisco Morín. Así que está en ese espíritu de pastiche-conjura-revisitación que tiene el sagrado templo del Trianón, de Línea y Paseo. Y no comento más. Ni aunque el espectáculo se pudiera enviar en video, el crítico asiste a la misma representación. Sí puedo admirar el vestuario de Vladimir Cuenca y dejarlos con este comentario visual-paródico de Roberto Ramos, pues esta Fedra es !del trópico! y si Adelaide Ristori era la tragedia, los cubanos somos la parodia. En la foto como Fedra, Broselianda Hernández Boudet. Una reseña, fotos y programa del espectáculo está en Actualidad Escénica, escrita por Pepe Murrieta.

La escenografía es para una ópera de Fedra y está en una página educativa del Museo Getty.

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