miércoles, mayo 23, 2007

Californianos a escena


José Agustín Millán describe en "Un californiano", quizás bastante temprano, a los norteamericanos como salvajes que irrumpen en la apacible vida de Tranquilino Vapor, empeñado en que su hija Carmencita aprenda con su profesor de lenguas. La muchacha, negada a recibir clases de música, se interesa por los idiomas, a pesar de que está prometida a Buenaventura, el primo que partió hace tres años a buscar oro a "las Californias".

Aunque para algunos críticos Millán fue un dramaturgo mediocre, "Un californiano" se sostiene por su gracia y su satírica visión. Tranquilino, viudo que se ha retirado a Puentes Grandes para disfrutar de su "tranquilidad" económica, recibe una carta que anuncia la llegada de "treinta vapores, cincuenta mil hombres, treinta globos aerostáticos y setenta mil californianos que meten miedo". Entre ellos, regresa el sobrino Buenaventura.
La descripción del vestuario de estos recién llegados es magnífica, visten trajes de paño viejos, botas con tacones, sombreros de cachucha y otras indumentarias estrafalarias e inapropiadas. La gente los recibe con piedras y chinas pelonas, gritos y silbidos, pero así todo, llegan a la casa y se ponen a conversar con los criados.

Mr. William. Will you take some brandy?

El profesor de lenguas se niega pues el inglés y el coñac le parecen «guturales». Los visitantes no se ven, pero se comenta su facha y falta de educación . ¡Quien diría-- dice Buenaventura-- que estos marchantes son los que intentan conquistarnos y darnos lecciones de civilización!
Buenaventura, pobre, sin camisa y con barbas al «abencerraje» no regresó de las Californias con una mina de oro, sino con una mujer, Virginia Trumbler, enamoradísima del criollo y que chapurrea el español:
Yo estar cansada... pero yo querer comer primero, aunque sea un beef-steak.

Buenaventura no consigue a Carmen a quien le tocará el profesor que no ha perdido el tiempo "en busca de tesoros que muy pocos logran".

No hay reediciones de Millán, autor de más de veinte sainetes entre 1841 y 1856, sin dudas el seguidor más ferviente de Covarrubias y su biógrafo y amigo. La obra está incluida en " Panorama del teatro cubano", compilado y anotado por José A. Escarpenter. Cuba en la UNESCO, v.6, no 7, 1965.

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