lunes, julio 23, 2007

Borges y la comedia del arte cubana



La red es un tejido y a veces, por un lado comienza la puntada que termina en otro bordado y otro canevá. Aseguraba yo que había leído por alguna parte que Camila Henríquez Ureña fue encarcelada cuando se dirigía al muelle que trajo a Odets en el vapor Oriente, en 1935 y Connie halló el documento. ¡Bravo, Connie! En "Los billetes de Fermín" traté de explicar el significado de Fermín Borges y el impacto del azar y la lotería en una de sus obras de los cincuenta,"Pan viejo" pero fue Sosa el que ha narrado el dramático final del escritor y pudo conversar con un pastor que que lo asistió e intervino en una representación de su Cantata, el joven poeta cubano, que se presenta alucinante por la descripción. Y así, estoy segura, lentamente, se recuperarán las obras de muchos dramaturgos cubanos que nunca fueron publicadas.
Y para hacer algo por esta restauración, he puesto en mi cajita una obra de Borges del 56 --fecha de un exergo de Zavattini-- y que al parecer coincide con su viaje a Italia y su interés por el neorrealismo. Pequeño homenaje a la comedia del arte cubana. Fue publicada en el periódico Revolución en 1959, aunque se representó antes con título similar. Leída, a la distancia de tantos años, se observa su interés por el bufo que se vuelve evocación y nostalgia, y hay un diálogo coloquial, fluido y tenso, que rompe con el texto almidonado y a ratos cursi que --salvo excepciones-- todavía está vigente a mediados de los cincuenta. No me sorprende el entusiasmo que despertó porque a pesar de su brevedad, transmite el aroma del circo de mala muerte y nos parece ver, entre las lonas y los telones, a Nena Fajardo que también dice: ¡Qué calor!





Los dibujos de María Elena Molinet los encontré en una revista Sol y Son.

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