domingo, julio 29, 2007

Cuba: no hay tal lugar, de Mariana Lendoiro


Mariana Lendoiro ha escrito un pequeño libro -treinticuatro viñetas-- que es al mismo tiempo una bofetada y una caricia. Cuenta con la aspereza de la prosa testimonial detalles del pan nuestro de la vida diaria de los cubanos -- el listado de los productos normados por la libreta de abastecimientos, el precio de una frazada de piso, el enigmático poder de los CUC--- para adentrarse en esa otra realidad, difusa y sombría, que es la imagen de Cuba. Escrito en el verano del 2005 e ilustrado con fotografías hermosamente escogidas por otra amiga -- a quien no se da crédito-- los textos y sus imágenes dialogan con esa isla evanescente que se vuelve olor, mecedora, descarga, quicio donde se conversa durante los apagones, y sobre todo, vida interior. La vida de alguien que conoce bien a Cuba y sus entresijos y se duele de su padecer y de sus sombras. Alguien que ha sufrido con sus purgas.
El libro se mueve con facilidad de un registro a otro. Desde "Tengo" -- lenguaje directo casi de proclama- a "Muy suyo", en el que se pretende apresar el olor de La Habana. Uno documenta la mugre que ensucia los pasamanos y los escombros que ofenden la vista. Las mesas redondas informativas y el ruido de la ciudad. El miedo. Y otro habla de seres entrañables -- Caridad, Titina, Lola-- que han habitado el barrio particular de Lendoiro. El barrio de oficios desaparecidos y de la música en extinción y de paisajes irrecobrables.
Me parece que abunda la literatura testimonial y los géneros híbridos, pero no es frecuente la prosa que sacude más allá de los tópicos y te obliga a mirar hacia el interior. Lendoiro mira adentro de sí misma y propone a los lectores que hagamos lo mismo, con dolor y rabia y humor:

Dieron huevos "por la libre" a dos pesos el huevo.
Chiquitos y anémicos procedían de Miami, huevos-estandartes de la batalla ideológica.

Pero también con lirismo.
Es una mecedora, un sillón, un balance: un adormecedor vaivén de rutina en el que los palos crujen con levedad en un quejido amado. Moldea el cuerpo, lo abraza, lo asegura. Ya casi no hay mecedoras.
«Desterrados de todas las épocas» Lendoiro y sus colaboradoras de Ediciones La Cueva (entre ellas la diseñadora) son islas-testigos del desplome de un lugar al que se regresa porque en realidad nunca se ha abandonado como la intensidad de la «criolla casa» o el cielo azul.
El texto en el Archivo de Connie, en mis enlaces.

2 comentarios:

Jorge Ignacio dijo...

Rosa Ileana: expresaste muy bien el sentimiento que deja la lectura de estas viñetas.Es cierto que nadie, o casi nadie, plantea así las cosas. El hecho de que sea una mujer la autora ofrece un matiz más interesante, por equivocados que estamos al pensar la suavidad solo reservada para ese género. Este libro, como el de Wendy Guerra, dice todo lo que ha pasado desde una voz muy interior. Te felicito por tus seguimientos y tus criterios. Gracias también por impulsar la campaña de búsqueda de Lailí. La conocí en la Facultad de Periodismo. Ante tanto dolor que provocan estas cosas -incluyendo a Mariana Lendoiro-, solo queda agradecer tu interés. Un abrazo desde Barcelona.

Anónimo dijo...

Esas páginas son una joyita.



Teresa Cruz