viernes, agosto 03, 2007

Una crónica de Hernani


No he visto jamás una pelea de boxeo y cuando me he preocupado por una, ha sido por su vinculación con el teatro ya que muchos han descrito el ring como la arena del primitivo agon. He coincidido con delegaciones deportivas en muchos lugares y no se me olvida la vez, en Barajas, que vi a Alcides Segarra rodeado de sus campeones en la tienda «duty free ». Ellos no sabían qué hacer ni qué comprar y era agradable y dulce verlo desempeñar un papel tan patriarcal y al mismo tiempo paradójico, unos hombrazos tan fuertes que pueden noquear al adversario, pero no saben de una marca de vino, un jabón, un whisky o de nada. Esta mañana, cuando leí la noticia de la suerte que han corrido Rigondeaux y Lara, pensé en aquella mañana y en la escena que por una extraña razón, se me quedó en el recuerdo. Y me imagino que librados a su suerte en una playa brasileña, los jóvenes -- 26 y 24 años-- que han vivido existencias rutinarias en campos de entrenamiento, no conozcan mucho de la vida real, ni siquiera de sus trampas. Una cosa queda clara. Es una advertencia para todo el que piensa quedarse en otro país en circunstancia semejante. Nadie es dueño de su pasaporte ni existe ante las autoridades sin uno. Los pasaportes los lleva el jefe de la delegación que casi siempre sabe de marcas y de whisky y de ron. Si sumamos, según reportan las agencias, las represalias que sufrieron las familias y el despojo de sus pertenencias más la terrible sanción moral que ejerció Fidel-- único gobernante que han conocido-- me imagino las impredecibles reacciones de dos muchachos inexpertos en el arte de vivir en la jungla. El Muchacho de oro, de Odets, parece una historieta, pero al menos, en la obra el personaje recibía buenos consejos cuando se debatía entre el «oro» de sus puños y su carrera de violinista. Más se parece a la historia de Boca de Ouro, de Nelson Rodrígues, el hallazgo es de Idalia Morejón, pues al parecer fueron sus ostentosos dientes y sus cadenas, el oro de su ornamentación, el que los identificó y selló el desenlace. Un desenlace triste para la carrera prometedora de dos jóvenes que querían pelear, ganar dinero y vivir mejor.
Y si firmo esta crónica como Hernani no sólo es como homenaje a Casal, sino porque cualquiera sabe si alguien puede sufrir por mi causa. Y nadie, ni siquiera estos jóvenes alardosos, desea perjudicar a la familia que -- fragmentada y con muchas cicatrices-- sostiene la sociedad cubana.

Hernani
El cartel es Emile Berchmans.

2 comentarios:

Anonymous dijo...

La crónica es excelente. Yo también digo: ¡Pobres muchachos!
Están secuestrados por los dirigentes de las delegaciones, sin pasaportes, indefensos en el extranjero, ignorantes de lo más elemental en la vida actual, monitoreados por los policías cubanos y sus propios compañeros... Tratan de avanzar en sus carreras y son acusados de traidores y desertores, como si fueran soldados de ejército. Ningún deportista, en ningún lugar del mundo tiene que cargar con esa cruz. ¿Qué pasará con ellos? Ahora empiezan una muerte en vida. Suspirarán por la breve brecha de tiempo en la que pudieron soñar...

Garrincha dijo...

ni idea de qué clase de perdón recibirán en cuba, cuánto tiempo cargarán con su cartelito de "traidores" y si volverán a hacer lo único que deben saber, que es boxear.
lo que sí sé es que todo esto no puede pasar sin escarmiento en la habana.
escarmiento a los atletas y advertencia a los demás, por si pensaban en otra escapada en futuros eventos.
el i.n.d.e.r no es nada benévolo con estos casos y otros parecidos, porque es casi una oficina más del consejo de estado.
pero esta historia se ha repetido miles de veces.
¿para qué me molesto en molestarme?