domingo, septiembre 02, 2007

Asiento trasero del Dodge


Ayer pude experimentar de cerca una obra que, aunque pertenece a la colección del Museo LACMA de los Angeles, no siempre se encuentra en exposición. Ahora integra SoCal - arte del sur de California de los 60 y 70. Es Back seat Dodge'38 , de Edward Kielholz (1964) que en el momento de su exhibición fue un escándalo por considerarse «pornográfica». Exhibida dos años después con las puertas del automóvil cerradas, el Dodge se abría a solicitud de los asistentes al museo y era por supuesto prohibida para menores. Ahora, la curaduría (Carol S. Eliel) ha reservado un espacio privilegiado para observar la escena tridimensional de la manera que fue concebida por el artista: iluminada por los reflectores delanteros del automóvil. El espectador se transforma en voyeur como si fuese un policía que sorprende a la pareja dentro del carro estacionado en Mulholland Drive.
La idea de sorprender a los amantes en su juego carnal juega con dos planos bien delimitados: el de la escena y el que mira. El espacio público y el privado. En el asiento trasero del Dodge los materiales desgastados, polvorientos y en ruina connotan una forma de decadencia. Hay un zapato de tacón fuera de lugar. Una voluminosa y agresiva pierna pero sólo la silueta masculina del hombre encima de la mujer y un gesto de la mano evoca el acto sexual: una corbata y una camisa, un césped artificial, botellas de cerveza y la música de una grabación.
Una obra que hace casi cincuenta años fue un escándalo y ahora observamos como un público pasivo, de espectadores y consumidores, «disfrutadores» -como dicen Nietzsche y Artaud- que asiste a un espectáculo quieto, expuesto a su mirada de «voyeur». La cita es de Derrida en "El teatro de la crueldad y la clausura de la representación". Sin embargo, la obra sigue siendo agresiva y de alguna manera todavía incómoda y conserva ese atractivo que debió ser escudriñar lo ilícito o perturbador. En momentos en que hay muy poco teatro interesante en casi todas partes, explica la profunda conmoción que fue el arte conceptual para el teatro «tradicional». En el asiento trasero de la obra de Kielholz está el aquí de la representación: la materialidad del escenario con sus volúmenes y su profundidad, tan pobre en elementos y tan irradiador, la «situación dramática» y un espectador mudo que completa el agujero y el vacío con sus sentimientos y su complicidad. No me extraña que la obra de Kielholz sea punto de partida para experiencias «dramáticas».

En este archivo la experiencia es más parecida a la real.

Este grupo argentino trabaja a partir de una obra de Kielholz.

1 comentario:

machetico dijo...

KieNholz, querida Rosa. Esa obra me impresiono mucho cuando visite el LACMA por primera vez hace muchos anos. Compre una postal de ella en la museum store y la envie enseguida a los amigos escultores quedados en La Habana, que la adoraban por revistas thru decadas.
Lo del book va, no problem. EHB tiene mi direccion y hemos hablado.