miércoles, septiembre 26, 2007

Palimpsesto del período especial



Del lat. palimpsestus y este del gr.παλίμψηστος.
A partir de la metáfora del palimpsesto y la flexibilidad que ofrecen los estudios culturales, José Quiroga articula en Cuban Palimpsests (University of Minnesota Press, 2005 ) siete ensayos en los que su autor transita vastos campos del conocimiento y diversas disciplinas : de las fotografías de Walker Evans a la búsqueda real de los desaparecidos sitios arqueológicos de Ana Mendieta, de la «carismática» figura de Fidel Castro al entierro de Celia Cruz, de la exhumación de los restos de Casal por un grupo de poetas en La Habana al performance de Katz sobre el velatorio del Che Guevara en La Higuera. La introducción nos ubica en el período: el período especial. Como muchísimos otros, Quiroga se reencuentra con su Cuba natal a partir de 1980 cuando comienza a visitarla y estudiarla y hace en el libro un viaje personal, que en ocasiones, como en el capítulo «todavía buscando a Ana Mendieta» se vuelve el suyo, al intentar imaginar la suerte de negociaciones que la artista experimentó desde sus primeros contactos en la isla. Acompañado por los poetas Carlos Aguilera y Pedro Marqués de Armas, en un Chevy desvencijado y sin encomendarse a las autoridades culturales, se lanza a la aventura de buscar los vestigios de Mendieta en Jaruco, para finalizar con que «alguien» de la Fundación Ludwig le comenta que las obras desaparecieron para siempre y volvieron a la tierra como eran sus deseos. Confieso que esta mezcla de candor –Quiroga lo describe como un picnic—me intimidó y me hizo «sospechar» de la seriedad de l texto, que finalmente me ganó por su sinceridad y por no ocultar sino exhibir sus fuentes --- muchos libros pero muy escasas vivencias, casi todas concentradas en su familia extendida de entrevistados y colaboradores en La Habana.
Como era de esperar en un material tan vasto, los capítulos son desiguales. Los primeros dos son excelentes. La visita de Fidel al hotel Theresa, de Harlem en 1960, le sirve para narrar en “History on the Rocks” la reescritura de la memoria histórica con los jugadores del dominó cubano: Historia, Memoria, Representación y Oportunidad y compararla con la más reciente, en el 95 que recibía ya al líder como parte de un museo viviente. La fijación de una imagen – la del hotel Theresa— dos momentos históricos diferentes, un detalle – la acción de Topaz, el filme de Hitchcock y una coda sobre el libro de Hugh Thomas Cuba: The Pursuit of Freedom (1971) conforman una sólida y original narración.
En "Espionage and Identity" analiza el síndrome del espía a partir de su análisis de las tiras cómicas de Spy vs Spy creadas por Antonio Prohías para Mad magazine.
























"Spy was a parody of what the Cold War meant, but it also gave it readers an idea of how it felt to be stuck between two superpowers-the weary worldview of what Prohías thought was Cuban civil society's impotence" ( 54).

El recuento de la obra del caricaturista en Estados Unidos se completa con un análisis y descripción de los hechos relacionados con la Operación Avispa y los "5 compañeros prisioneros del imperio", prolija en detalles biográficos de cada uno de los Cinco, así como de la campaña mediática internacional por su liberación.
Un libro que tiene como portada la foto de Moore de la escuela de Ballet del Instituto Superior de Arte y que refleja la sociedad cubana en el período especial, tenía de algún modo que referirse al efecto estético que producen las ruinas, una ciudad que levita en las fotografías. Menos original es su tratamiento de Evans. Para Quiroga, esas figuras expectantes de que esperan por algo que no ocurre pero podría ocurrir, influyen en posteriores generaciones de fotográfos como Osvaldo Salas, Constantino Arias, Raúl Corrales y Alberto Korda, los grandes fotográfos de la Revolución, sobre los que no profundiza. Al hablar de «ruinas» Quiroga se interesa por varios textos, en primer lugar los de José Antonio Ponte, una de sus fuentes -entonces en la isla--, pero también La Habana: ciudad antigua, de Eusebio Leal así como la Guía de La Habana, de Eduardo Luis Rodríguez, que al clasificar las viviendas por su nombre original remitió a sus propietarios legítimos, a una ciudad congelada en el tiempo y a la disputa sobre la propiedad de bienes que hoy son usufructo del estado. En muchísimas ocasiones, como en este capítulo, el campo es tan amplio, diverso y complejo que el autor sólo consigue escarbar y sacar a luz un fragmento, como el que dedica a Havana: History and Arquitecture of a Romantic City, de María Luisa Lobo Montalvo. La pieza final de lo que desarrolla como "una historia de amor con la imagen". Es la aristocracia que reclama su derecho de posesión sobre la ciudad, no sólo como un orgullo familiar sino como un logro de la cubanía.
Sería demasiado reseñar el libro en extenso. En el “Libro cubano de los muertos”, el velorio-homenaje a Celia Cruz (2003) y su entierro en un cementerio del Bronx le sirve para comentar no sólo sobre los rituales cubanos de la muerte, sino volver sobre lo que subyace en en el texto y lo ilumina.
Cuba ha producido exiliados y emigrantes –escribe Quiroga—pero Cuba está también migrando. (21) La pregunta sería cuánto tiene que migrar un país para incorporar la memoria de Celia?

Coda: Cuenta el autor que en sus investigaciones en la isla, se asombró que la Casa de las Américas poseía la colección de la revista Mariel, clasificada no como una producción cubana en el exilio, sino como una publicación de los Estados Unidos. Yo estaba allí y nunca revisé esos ejemplares ni advertí el matiz sensible de esa clasificación. Los cubanos migramos en balsas y en aviones y también hacia el interior en recorridos personales diversos y complejos. Su palimpsestos iluminan una parte de nosotros mismos que vive siempre entre el allá y el aquí y que libros como éste de alguna manera reconcilian.

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