jueves, octubre 25, 2007

Más sobre Tebas


Hoy se cierran los comentarios sobre la puesta en escena de Los siete contra Tebas que reproduje para sumarme, de alguna manera a lo que considero también, un acto de justicia. El teatro cubano - y no es el momento de hacer su inventario- tiene todavía muchísimas obras nunca estrenadas desde el siglo XIX--- y la relación escena-público ha conocido muchísimas y todavía más nefastas mediaciones. Pero mientras la Avellaneda y Ramos y muchos otros están muertos, Arrufat está entre nosotros y ha permanecido fiel al teatro con otras obras tampoco escenificadas y que no fueron el blanco de Leopoldo Avila. (Recuerdo La divina Fanny y La tierra permanente, entre las más recientes) sin mencionar El criollo ( la mejor de todas).
No estoy en La Habana -- y ni siquiera el mejor de los críticos puede devolverme la condición de presencia, de «cuerpo» que tiene el teatro y es insustituible para cada espectador. Así que como los comentarios suben de tono y ninguno proviene de los que han visto la obra, cierro las cajitas. Porque los actos de justicia tienen que estar acompañados de tolerancia y respeto.
Y porque el presidente Bush -- por azar--- vuelve a dar a la obra una siniestra actualidad. La Habana, como la Tebas de Arrufat, rechaza la anexión y la intromisión ya que el destino de Tebas -- otrora sitiada-- corresponde sólo a los tebanos. Y aunque nunca he sido una admiradora de la obra (ni antes ni ahora) celebro su puesta en escena.
"A pesar de los cuarenta años de penitencia, Cuba es hoy por hoy más Tebas que nunca antes y Etéocles y Polinice, encarnados lo quieran o no en Fidel y Raúl, representan sin metáfora el incierto futuro de una proyecto social (para mí) agotado. En la obra, los hermanos terminan anulándose. Matándose. Por eso, el tan deseable estreno asume ahora un simbolismo político, sin dejar de ser un acontecimiento cultural de gran resonancia" escribe Eliseo Alberto en su columna. Tiene mucha razón. Cualquier lectura nos remite a la isla y también a todos los hermanos en conflicto desde La recurva a Los mangos de Caín. Sin embargo, también nos remite a "esa parte de Eteócles que se llama Polinice", ya que ambos hermanos son tercos y soberbios y resuelven sus diferencias con el odio que termina anulándolos. En cada uno de nosotros-- parece decir el texto-- hay algo de los dos.
No quiero la violencia para Tebas, ni siquiera en el teatro. Todos Los persas que se escenifiquen debieran ser pacifistas. Cuando la leo resurge Polionte -- que casi no tiene identidad-- pero dice: "Por ti reinará un orden nuevo". Y los espectadores, como los tebanos de antes y ahora no necesitamos guerras fratricidas, nuevos sacrificios, violencia ni «cainismo» entre hermanos. La defensa de la ciudad imaginaria nos debiera hacer desear más todavía el bien común.

"La paz vendrá después, aplacado el furor".

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