jueves, abril 10, 2008

El programa de mano


Si los críticos conserváramos los programas de mano, tendríamos la información más valiosa, el archivo mejor para esa reconstrucción que realizan los estudios y la investigación. Patrice Pavis en El análisis de los espectáculos (Paidós, 2000) habla de cómo los programas, que a menudo contienen algo más que el nombre del autor y el título del espectáculo, facilitan ese conocimiento que se impone desde un segundo plano que prepara o facilita la recepción. Connie nos ha dado varias sorpresas, entre ellas, éste de La casa vieja, de 1964. El Cuban/Latino Theater Archive --que dirige Lillian Manzor-- es la única iniciativa que conozco con imágenes digitalizadas para su consulta pública, tiene algunos muy valiosos, pero no muchos.
Alguna vez perdí todos mis programas. Será por eso que el día que tropiezo con uno, siento una felicidad imposible de describir. Estoy trabajando el período 67-69 y hallé este programa de la Olimpiada Cultural de México -- que tarda en cargar--en el que aparecen sin identificar una pléyade de nuestros mejores actores: Lillian Llerena, Albio Paz, Amelita Pita, Magaly Boix, Helmo Hernández y Miguel Navarro que viajaron a México con dos obras cubanas: Aire frío, de Virgilio Piñera y La soga al cuello, de Manuel Reguera Saumell con una delegación del grupo Taller Dramático, que dirigió Gilda Hernández. Llegué por fortuna al programa, pero no al texto de Reguera Saumell, que no pierdo la esperanza de encontrar como otro texto suyo, La coyunda.

La imagen es del programa de la Olimpiada de México. Miguel Navarro, Albio Paz y Lillian Llerena en La soga al cuello, de Manuel Reguera Saumell.

Al margen: Uno de los problemas que tienen los comentarios moderados es que si no se corresponden con el último post, a veces no los encuentro. Es algo que tengo que mejorar. Pero a quien preguntó si era de Camagüey, le respondo que nací en La Habana. Tengo pendientes otras respuestas como la dirección exacta del Palacio de Luyanó.

1 comentario:

Anonymous dijo...

El Nuevo Herald

Publicado el viernes 11 de abril de 2008

La canción de Barnet
MIGUEL COSSIO

Aplastar o silenciar, expulsar o exiliar, cooptar o amedrentar, las tres clavijas de la tramoya del totalitarismo en su relación con los intelectuales, fue de lo que nadie habló en el congreso de la UNEAC.

¿Qué cambió y a quién le importó? Mucha alharaca sobre culpas ajenas y poca sustancia en el ajiaco de los cambios reales. Nada de catarsis porque entonces sería un congreso del partido, atajó a tiempo el autor de La canción de Rachel, Miguel Barnet, quien muy a su pesar ya tiene donde plantar oficialmente sus posaderas.

La UNEAC sigue estando regentada por la vieja guardia. De los 8,500 miembros de la organización, sólo 1,500 tiene menos de 40 años. Más allá de las críticas de Alfredo Guevara al sistema educacional y del mensaje de Fidel Castro dirigido desde la caverna de su pensamiento político y tecnológico a Barnet, el congreso fue otro paripé. Otro acto de simulación del raulismo.

El cronista de La Habana, Eusebio Leal, vertió sus buenos metros cúbicos de lágrimas de cocodrilo cuando quiso justificarse desde la lejanía tocando el puerto del exilio. ''Yo no me avergüenzo de los que están fuera, porque mis hijos están fuera, y jamás me avergonzaré de mi condición de padre, ni jamás les quitaré a ellos el nombre de cubanos'', dijo. Y enseguida acotó: ``siempre y cuando no hagan armas contra la patria que los vio nacer''.

Para la galería política, la patria de Leal es Castro y su Estado totalitario. En su fuero interno, Eusebio sabe que ha vendido su alma al diablo de la revolución. ``Cuando todo termine, confesó ante los delegados al congreso, yo podré decir como el abate Sieyès cuando le preguntaron en los días terribles de la revolución francesa, que no han sido los nuestros, ¿y usted qué hizo? Yo sobreviví a ella''.

Es una confesión puntual sobre la efectividad de los mecanismos del Estado totalitario a la hora de lidiar con los intelectuales: aplastarlos o silenciarlos, si no se rinden; expulsarlos o exiliarlos, si no se puede con ellos; cooptarlos o amedrentarlos, si son débiles.

Muy larga es la lista de los aplastados, silenciados o expulsados: Padilla, Cabrera Infante, Baquero, Sarduy, Arenas, sin hablar de los exiliados internos, como Lezama, Piñera. Muy larga también es la lista de los cooptados o amedrentados: Barnet, para empezar.

Quien quizás mejor definió desde la dictadura la relación entre el poder totalitario y los creadores fue el finado jefe del Partido Socialista Obrero Húngaro, Janos Kadar: ``los intelectuales reciben del Estado el trato del gorrión: ni apretarlos tanto que pudieran morir ni abrirles la palma de la mano, porque echarían a volar''.

En la coyuntura de los cacareados cambios en Cuba y de las críticas expresadas por algunos asistentes al evento de la UNEAC, vuelvo a la puntería dictatorial de Kadar: ``los intelectuales se creen que promueven los cambios. Hagámoles comprender que la carreta es dirigida por el partido. Los intelectuales son como las moscas que se posan sobre la carreta y se creen que así consiguen hacerla avanzar''.

Así lo dejó claro Raúl Castro al final del congreso: ''todo lo que sea aparentemente improvisado, debe ser previamente planificado'', y yo digo que la reunión de la UNEAC no fue la excepción.

Miguel Cossio
Dtor. editorial y de noticias
América TeVe, Canal 41.