miércoles, mayo 21, 2008

Casas de La Víbora




Algunas de las casas de mi barrio se repintan, acicalan y remozan porque sus habitantes tienen esta vida y no otra. En el barrio que conocí desde adolescente vivieron Celita Torriente y Gloria Puga, Cintio y Fina, Teodoro Benemelis, Magallanes, Elena y Felipe, el limpiabotas Juan y Rinaldito. Algunos se mudaron de barrio, otros de país y muchos ya no están o están en esa otra parte que suele llamarse eternidad, pero si bien el barrio no ha cambiado, tampoco es el mismo, sino otro, y para la imagen de deterioro que ofrecen tantas calles de la ciudad, es un enigma por qué las casas de La Víbora resisten las inclemencias. ¿Será porque alquilan? Imposible. Difícil que un turista se aventure a estar en el último confín. ¿Será porque aprecian lo que tienen? ¿Será — me dijo una amiga— porque muchísimos de sus dueños son los mismos y las casas pertenecen a los descendientes de los que alguna vez las construyeron? Algún motivo tiene que existir aparte del «aburguesamiento» ya que propietarios recientes, funcionarios de empresas y nuevos ricos se instalan en las casas de los que las dejan porque se van o mueren, como en los sesenta, médicos e ingenieron ocuparon las que abandonaron «los que se fueron» en una oleada que no ha dejado de detenerse. Y aunque casi nada nuevo se ha construido -- quizás el despintado consultorio del médico de la familia--- parecen desafiar el tiempo y el maltrato. La gente aprecia las construcciones de los cincuenta y en un sitio en internet venden remozado el mobiliario afín para estas construcciones. ¿Habrá subido de valor el barrio de siesta, brisa y trova vieja ?

Como siempre, las fotos me las envía mi corresponsal.

Anoten, hay algunos cambios en mis enlaces.

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