viernes, julio 25, 2008

Capricho en rojo


Hay una obra de Carlos Felipe que a pesar de sus imperfecciones, me gusta muchísimo. Capricho en rojo (1948), quizás la pieza en la que Felipe es más outsider, el excluído que mira la fiesta de la alta sociedad con una distancia escrutadora, cándida y al mismo tiempo amarga. El primer acto transcurre en un salón elegante y están en escena Pablo, el conde Soria y Laribeau – vestido de etiqueta, con antifaz– y criollo a pesar de su nombre extranjero. Laribeau es el modisto que ha vestido a ciudad entera pero que exclama "¡No quiero ser famoso en esta aldea que es La Habana¡". El organizador de la velada -- el conde Soria-- se las arregla para proyectar películas escandalosas, al mismo tiempo que siente cómo vigilan su comportamiento. Tules, antifaces, serpentinas, carnaval deformado, la anécdota central se desvanece en un entramado poético y enrarecido, como de ensueño y locura visto como pastiche. Nunca se estrenó en 1948, cuando recibió el premio de la ADAD.
Francisco Morín – el legendario director de Electra Garrigó– no votó por la obra, consideraba Jesús, de Piñera, superior, estuvo en minoría, pero sin embargo, montó Capricho en rojo y Jesús, en 1950. Una de las sorpresas de esta investigación ha sido la de hablar – al menos por teléfono– con Morín, que como se sabe ha escrito sus Memorias de un teatrista cubano, conserva una lucidez extraordinaria y me contó que favorecer Jesús le costó el alejamiento de su amiga Rosa Felipe. Eran los tiempos del teatro de arte y las obras se ponían una sola noche. Y Capricho... se llevó a escena "después de tenebrosas dilaciones" . Sin embargo, Manuel Casal, en la crónica que escribe para Prometeo destaca la capacidad de Felipe para saber qué le gusta al público y acudir a servirlo, y aún cuando éste advierte ciertas rarezas, "él tiene el hilo en la mano, que nunca le arrebatan". Manuel era hermano de Violeta Casal y murió joven, pero sus críticas para Prometeo son de lo más preciado de una revista extraordinaria. Junto a la nota de Casal, está la fotografía. Gaspar de Santelices en la escena de la conga con los «caprichos», ésta que restaurada ilustrará los libros de la historia del teatro que están por venir.

1 comentario:

YAMIL CUELLAR dijo...

Rosa Ileana, quiero agradecerle infinitamente estos artículos (no se si llamarlos de esta forma) pero la considero de un valor tremendo, principalmente porque mi generación de todas estas historias. Yo me gradué en la ENA en el 2001, encontré su escrito acerca de Carucha cuando el homenaje que le hizo Teatro de las Estaciones en Matanzas, no pude ir desgraciadamente, pero los comentarior retumbaron al día siguiente. Acabo de hacerme tambien de un sitio en esta maravilla de los blogs, también hablaré de teatro, de las nuevas generaciones y lo que vaya cayendo. Es increíble cómo desconocemos tanto de estos datos que menciona. No sé, quiero abordarle tantas cosas que me siento atropellandola. Hace unos días le mencioné su nombre a Olga Flora, yo le confieso que padesco de una terrible memoria, pero ella inmediatamente completó su nombre. Por supuesto que le envía saludos, estamos escribiendo un libro que nos tiene muy entusiasmados. Gracias una vez más. Soy de la opinión que no existen viejas ni nuevas generaciones, sólo está el vínculo que entre ambas se teje.

D. Cuellar