jueves, agosto 14, 2008

Julio Matas premiado

Fotografía de Angela García aparecida en el blog del Instituto Cultural René Ariza.

La flecha se suma al homenaje a Julio Matas con esta nota –que apareció en Encuentro de la cultura cubana-- hace algún tiempo y reseña uno de los libros de Matas: El rapto de La Habana.

Historia e imaginario

Estas ocho obras teatrales de Julio Matas recorren diferentes géneros, estructuras dramáticas, estilos, caracterizaciones y fábulas. No resulta fácil encasillar al autor de La crónica y el suceso, cuya pieza Extravíos ha sido considerada por Luis F. González Cruz y Ann Waggoner Aken como una obra maestra, junto a las de Carlos Felipe y Virgilio Piñera.
Sin embargo, quizás el elemento unificador del volumen es el interés por un teatro de la historia, concebida como un conflicto permanente entre imaginario y contexto, situación teatral específica y tiempo real de los espectadores, fábula encarnada por personajes ficticios y acontecer de una época.
El teatro de Matas no pertenece al que de manera tradicional se califica de "histórico" porque reconstituye acontecimientos del pasado con intención arqueológica, exactitud y fidelidad. Por la variedad de procedimientos estilísticos y de composición, sus piezas me parecen cercanas a esa zona de la escena cubana en la que es difícil diferenciar entre la historia con mayúscula y la pequeña historia, ya que los episodios son "historizados" por la óptica del dramaturgo. Mortimer o El rapto de La Habana, por ejemplo, es pariente de la línea negadora y de juego de escarnio de José Milián en La toma de La Habana por los ingleses. Aquí el inglés Mortimer embarca a La Habana como traductor de las tropas invasoras y allí se enamora de una criolla para morir antes del casamiento y ser prácticamente "raptado" por la belleza del ambiente, seducido por las danzas africanas, la sensualidad y el ritmo, especialmente cuando el cadáver de Mortimer, por su expreso deseo, recorre en andas la ciudad amada. No hay ningún intento historicista o de reconstrucción de la época sino más bien un marco para un teatro de intención coral, con un narrador, tres partes, cuadros breves y más de treintitrés personajes sin contar las comparsas, los sirvientes y los paseantes callejeros. El fin de la guerra de independencia en Cuba es el fondo para una de sus "tragedias cubanas", El hijo de Tadeo rey, drama rural de pasiones, engaños y tomentos en el que dos deidades en pugna, pertenecientes a los panteones católico y yoruba, guían a la protagonista Caridad a su hybris como en los griegos con la complicidad de una rústica nodriza. No recuerdo –aparte de Eppure si muove, la coreografía de Caridad Martínez—ninguna otra aparición teatral de la Virgen de la Caridad. La otra tragedia, Ifigenia en Gran Caimán, teatraliza el mito de la fundación del Cementerio de la ciudad de Santiago de Cuba y está ambientada en la isla del mismo nombre en 1812, en plena efervescencia de la piratería.
Como hemos visto en estos títulos, predomina la recreación de hechos y episodios. Aquí la voluntad de documentar no prevalece sobre la dimensión imaginativa. Matas huye del didactismo –a pesar de proporcionarnos valiosa carga informativa--, no se vuelca hacia crónicas y sucesos para crear obras expositivas o coyunturales, de escaso vuelo, cargadas de verosimilitud, basadas en una rigurosa investigación pero con una actitud restauradora, respetuosa y dócil.
Por el contrario, en Las indias galantes, que integra junto a Mortimer…. Lo que el dramaturgo llama "Claroscuro de las indias", la recreación histórica sale del marco de Cuba. En la primera parte, "Perulera", estamos en el Perú virreinal de la Pericholi, mientras se teatraliza una obra de Merimée y se presentan simultáneamente las situaciones del pasado y la actualidad – violencia revolucionaria, corrupción, discursos demagógicos de una izquierda que proclama la justicia pero ejerce los peores vicios -- y en la segunda "Yucateca", en las ruinas de Chichen Itzá convertidas en atractivo turístico mientras se desarrolla el concurso de la Señorita México del Año. El autor reflexiona sobre el tema de una identidad latinoamericana, los clichés de una sociedad globalizada que perpetúa los peores estereotipos del mestizo y el indio al convertir en mercancía y parafernalia sus símbolos y sus sentimientos. El colmo de la ironía es la escena donde los figurantes que han representado las esculturas mayas de Tlaloc y Chac Mool se desvelan en su verdadero rostro. Como en Mortimer…..Matas recrea varios escenarios y descubre por sobre la mirada turística y de estampa, una realidad más compleja y amenazante en su irónica versión de las "Indias galantes". En el tomo alterna con una pieza más ligera como Tócame Roque para demostrar que es capaz de intentar todos los registros.
El monólogo El asedio (Miami Blues), dedicado a Laura Zarrabeitia, me parece un modelo de concisión y síntesis así como la visión ácida y cruel que en Los parientes lejanos lleva a la "desintegración" de la familia en el exilio cuando los recién llegados de Cuba, Mongo y Rosa quieren vivir de parásitos. El delirio de grandeza del primero está a punto de arruinar el matrimonio que los acoge cuando un recurso tragicómico – al estilo de la "balita de la suerte" de El premio flaco— propinado por Milita, soluciona el conflicto mientras Matas se las ingenia para emplear recursos de la radio, la televisión y hasta un espectador –que en nombre de la moral y las buenas costumbres—interviene de manera brechtiana en la trama. Sorprendente, tragicómico y difícil de lograr escénicamente es el final de Pretérito indefinido, que nos deja con una sonrisa en los labios.
Pero por sobre todos los méritos de su teatro, me ha interesado, la habilidad en la creación de personajes y ambientes en los que establece una permanente tensión entre su circunstancia inmediata y la historia o el mundo que los rodea, pero que mantienen aferrados a una estatuilla como Ifigenia, proclives a la generosidad como Rosa o arrepentidas de su error como Caridad una constante compasión y altura moral. También, la intención de bocetar una escena espectacular en la que se funden bailes, apariciones, coreografías en la majestuosidad de una escena "total".
Con El rapto de La Habana el lector dispondrá de un teatro cuya densidad intelectual no está reñida con la capacidad de entretener y los futuros directores hallarán un material lleno de sugerencias y provocaciones.

Julio Matas.El rapto de La Habana. 8 obras dramáticas. 1st Books Library, Bloomington, pp. 264

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