lunes, septiembre 01, 2008

Huracanes


(Voz taína).

1. m. Viento muy impetuoso y temible que, a modo de torbellino, gira en grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las zonas de calma tropicales, donde suele tener origen.

Ha transcurrido una semana y dos huracanes: la tormenta Gorki que movilizó a mucha gente dentro y fuera de Cuba empezando por los blogs. Fijénse si no lo conocía bien, que por varios días hubo una travesura tipográfica: Avila, por Aguila. Sin ninguna mala intención le cambié el apellido al rockero. Después, sin transición, llegó Gustav y en lo que me sintonizaba con el Granma y con Penúltimos para saber la ruta de la tormenta del siglo y el primero seguía detenido en "todo listo para enfrentar a Gustav", vía you tube, me di banquete con los conciertos y videos de Porno para Ricardo, no sólo porque me molesta que se haya ido una errata, sino no conocerlo bien. Las dos tormentas no tienen comparación: una sacude la vida espiritual y hace añicos el alma, la otra destroza a su paso y sin compasión los pocos bienes materiales de poblados ya de por sí muy pobres --como Los Palacios, La Candelaria, Batabanó o la Isla de la Juventud, al parecer muy golpeada. Recién se cuantifican las pérdidas. Apenas ahora empiezan a publicarse las imágenes de casas sin techos, camas sin colchones, árboles caídos, cultivos arrasados, el huracán más fuerte que ha asolado Cuba en cincuenta años. También los medios de prensa del globo celebran la preparación disciplinada para enfrentar los huracanes que con Rubiera al frente, ha hecho que Cuba no tenga que lamentar vidas humanas. Ojalá podamos reparar ambos daños: para que no se repitan. Gustav es impredecible, lo envía la madre-naturaleza, el otro, ha sido fabricado por nosotros mientras nos empecinemos en decidir lo que se canta y lo que no, lo que se grita y lo que se corea... Dejemos atrás la pequeña crónica de quién se va y quién se queda y quien canta -- que cada quien cante lo que le parezca-- y pensemos en cómo ayudar a las 86 mil familias sin casa, a todo el que ha perdido sus pertenencias y sus cultivos y sus bienes, que tal vez otro huracán bloguero internacional les devuelva no lo que se ha perdido que es irrecuperable, sino la idea de que otros muchos, desde lejos, los tenemos en el corazón.

1 comentario:

Anonymous dijo...

Quizás puedes llevarles una obrita del Teatro Escambray.