viernes, octubre 10, 2008

Grotowski en Nienadowska


En este documental, que parece un video casero o un documento personal, Jerzy Grotowski vuelve a la aldea Nienadowska donde estuvo escondido con su madre y su hermano durante la ocupación nazi, mientras su padre partía a la guerra. Como un estudiante -mochila a la espalda-- el creador del Teatro Laboratorio y de las Trece filas redescrubre los lugares -la iglesia, el granero, la casa y su familia de adopción. Lo interesante es la hechura casera del filme, en el cual Grotowski se aproxima a los lugares, la propia inseguridad de su búsqueda y el respeto por no invadir demasiado los predios ajenos. Los pobladores lo reciben con una mezcla de alegría y temor. Al fin, encuentra a la dueña de la casa, trabaja todavía en el campo y regresa con sus vacas.
La cámara se concentra en la vida cotidiana de un lugar todavía muy pobre en los ochenta: una gallina, un paisaje abierto, el estado ruinoso de una vivienda. Desde esta aldea su madre caminaba kilómetros para encontrar una biblioteca. Aquí se habla de revelación, misterio, belleza de la vida natural, incidentes de niño que iluminan algo que no transmite el libro, la conferencia o el video, su concepción de la vida y del mundo en las conversaciones que escuchaba debajo de una mesa o al mirar el acoplamiento de los puercos desde el granero. Para los que como yo lo vimos alguna vez, de traje, en el podio, Nienadowska es muy penetrante. El gran director se sienta en el quicio con la anciana que lo protegió, su familia espiritual, habla a la cámara en inglés, ella quizás no lo entiende o sí, pero está sentada, quieta, a su lado, como si ambos encontraran un gozo por la existencia ya perdido.
Un Grotowski más sofisticado aparece entrevistando a su tía en un apartamento de la ciudad. Se parece al que vi de cerca, en una sesión del ISTA (mayo, 1996), gracias a Eugenio Barba. Patriarcal y jovial, le recomendó a los jóvenes actores, con cierta ironía, que entrenar era lo mismo que cepillarse los dientes todos los días. Con una primera parte narrada por Peter Brook, en el resto de la película -60 minutos- hay que lograr entender el acento de Grotowski. Sin subtítulos. O mejor dicho, con uno solo.

1 comentario:

felipe dijo...

hola, mucho gusto, donde puedo conseguir este documental.