martes, enero 20, 2009

20 de enero


El único periódico del mundo que no tiene en su primera plana la toma de posesión del presidente Barack Obama es el diario oficial cubano, por eso queridos lectores, que no sé cuántos tendré en la isla donde nací y amo, les digo que ha sido un espectáculo grandioso, indescriptible, a pesar de que lo he visto por la televisión y que incidentes menores (un poema muy mal leído por su autora Elizabeth Alexander), un patinazo del presidente del tribunal Supremo al recordar el juramento, o un controvertido vestido de Michelle –realizado por una cubana por cierto y que la Primera Dama lució con su osadía habitual– no impidieron apreciar lo más importante, los cientos de miles de personas congregados en el mall, con la esperanza de que un gran cambio se produzca en los Estados Unidos de América. Obama juró con su mano izquierda sobre la Biblia, en las escalinatas del Capitolio, ante más de un millón de personas que desafían el frío invierno de Washington. Aretha Franklyn. La bendición de Joseph E. Lowery. Quiero pensar que la mayoría de los cubanos de mi generación que aplaudimos a Jesse Jackson cuando nos visitaba, se alegren con la era de un presidente negro en la Casa Blanca.
Los que se adelantan a vaticinar que nada bueno puede recibir el pueblo cubano de los Estados Unidos --salvo las remesas-- no están aquí hoy ni leyeron los periódicos ni vieron las noticias en la televisión. La elección de Obama encarna esperanza. La audacia, la serenidad y la elocuencia de sus discurso ha renovado a la gente e interesado a las multitudes con energía particular. El día de su triunfo electoral festejaron en Harlem, Nueva York, Chicago, Kongelo, Los Angeles. Debía haber bailado La Habana donde un porcentaje altísimo de la población tiene la piel del color de Obama y sus antepasados en Africa. Los artistas -- supuestos a abrir brechas y caminos para el entendimiento-- no nos tenemos que adelantar sobre lo que pueda o no hacer Barack Obama por la relación entre Cuba y los Estados Unidos.
Ningún presidente va a cambiar lo que los cubanos no deseemos desde dentro. Y los cubanos deseamos una relación normal con nuestro país, sin restricciones de quiénes son nuestros parientes y nuestra familia, estemos o no allí, así vivamos a cientos de miles de kilómetros de distancia como una pequeña aldea de Kenia festeja el triunfo de Barack Hussein y a lo mejor ninguno de sus habitantes ha pisado alguna vez la Casa Blanca.

1 comentario:

A.T. dijo...

Bien dichio, Ileana.